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El cocinero de Colon, en el testamento del Almirante

EL COCINERO DE COLÓN EN EL TESTAMENTO DEL ALMIRANTE.
La lectura de los numerosos libros que componen la que yo llamo “Biblioteca Colombina de Ricardo Sanz”, sorprende de vez en cuando por encontrar, en alguna de las obras que la componen, hechos que no suponen ninguna novedad, pues están ahí desde que el historiador los describió y la obra se editó y publicó, pero que, conocido en el espacio y tiempo en que sucedieron, pueden tener una importancia capital.
Este es el hallazgo del que voy a dar cuenta aquí por la importancia que tiene.
Se trata de conocer quién era el cocinero del Almirante en unas circunstancias trágicas para él, y la importancia que tiene para esta tesis.
Había emprendido Cristóbal Colón su tercer viaje a las Indias, y lo que allí sucedía no era lo que ni él ni los Reyes Católicos deseaban, pues la ambición de unos pocos, y los escasos recursos de oro, especias y productos de gran valor que se buscaban no eran lo suficiente para satisfacer a quienes allí acudieron pensando en disfrutar de una vida mejor.
Rebeliones de los colonos y algunos abusos a costa de los nativos obligaron al Almirante a aplicar la disciplina que estaba en uso en aquellos tiempos y que hoy nos parecería dura, pero, en el momento de su cumplimiento era la normal en cualquier sociedad civilizada.
Las acusaciones por supuestos excesos llevados a cabo por el Almirante llegaron hasta los reyes y éstos enviaron a las nuevas tierras descubiertas a un juez pesquisidor llamado Francisco de Bobadilla; juez ambicioso de poder que anuló las atribuciones y el mando que tenía Colón y los asumió en su persona.
Los reyes, convencidos de que las acusaciones que llegaban hasta la corte eran ciertas, le dieron a Bobadilla tales poderes que le facilitaron pergaminos en blanco firmados por ellos para poner disciplina y orden donde no lo había.
Con estos documentos, Bobadilla era ya de facto el verdadero Virrey. Ordenó que a Colón y sus hermanos se les tomase presos y se les encadenase para presentarlos ante la justicia en Castilla, y de esta manera se dictó una orden de arresto para ellos.
El conde Roselly de Lorgues en su obra: Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, (1828). Barcelona, Ed. Jaime Seix; Tomo I; pág 498, nos relata la situación del Nauta cuando iba a ser encadenado por Bobadilla para entregarlo a los reyes, de regreso a España y no quería ninguno de los presentes cumplir la orden de colocarle unos grilletes, por creer todos ellos que era una orden injusta.
El texto de Roselly dice así:
“Ninguno de los oficiales y soldados del Gobernador se sintió con fuerzas para cumplir aquella orden execrable. El dolor comprimido ahogaba la voz de todos y secretamente se rebelaban contra su degradante obediencia. La serenidad de aquel héroe imponía cierto doloroso respeto. Las cadenas que se habían traído a su presencia continuaban en el suelo del calabozo sin que ninguno de los asistentes osara levantarlas. Ante semejante afrenta los mismos carceleros retrocedían como ante la idea de un sacrilegio. No podía, pues, ejecutarse la bárbara orden del gobernador, cuando se presentó eligiéndose alegremente para aquel crimen, no un agente de Bobadilla, no un indio estúpido u odioso, sino un hombre de la casa del Almirante, un familiar suyo, su propio cocinero. Aquel infame cargó alegremente sobre sí aquella deshonra y, con imprudente presteza, remachó las cadenas de su amo. Las Casas le conocía: se llamaba Espinosa“
A pesar de lo expuesto, no nos quedamos conformes con los hechos si no tenemos confirmación de que, efectivamente, el padre Fray Bartolomé de Las Casas conocía el nombre de este familiar, y acudimos a la obra Historia de las Indias, del dominico, para comprobarlo.
Las Casas lo describe asi:
… “Y lo que no sin gran lástima y dolor se puede ni conviene decir: cuando querían echar los grillos al Almirante, no se hallaba presente quien por su reverencia y compasión se los echase, sino que fué un cocinero suyo desconocido y desvergonzado, el cual, con tan deslavalada frente se los echó, como si se sirviera con algunos platos de nuevos y preciosos manjares. Este yo le conogscí bien y llamábase Espinosa, si no me he olvidado” .
Observemos una contradicción en este texto: primero dice “fue un cocinero suyo desconocido”… y luego afirma: “Este yo le cognosci bien…” Ahora nos preguntamos: ¿Le conocía bien o no? ¿No nos quiere decir que era familiar suyo?
Si en la época del descubrimiento de América había que tener alrededor gente de confianza, el puesto de cocinero era uno de los más importantes, pues era muy común la eliminación de familiares, rivales, amigos y gentes poco respetables, por uno de los productos mortales más activos: el veneno mezclado en la comida, y de ahí la costumbre de hacer “salva” a los invitados importantes, que consistía en que algún esclavo probase los alimentos antes que el propio comensal para evitar el envenenamiento.
En estas circunstancias, ¿a quién de más confianza que un familiar se le podía encomendar la elaboración de la comida para no ser envenenado?
El Almirante tuvo por cocinero a un pariente suyo con una dudosa conducta, o puede que no, y así nos lo describe el conde, posiblemente porque no conoce que los dos son nacidos en el mismo lugar. Colón “de terra rubea” (de tierra Espinosa), y el cocinero “Espinosa”
Aparentemente este familiar es un traidor y ha cumplido una orden que no se han atrevido a ejecutar quienes estaban próximos al Almirante y le conocían, por ser injusta; pero, si tenemos en cuenta que, dadas las circunstancias, si no se cumplía el mandato de Bobadilla las cosas podían haber terminado con la ejecución allí mismo de Colón, el cocinero, su pariente, actuó correctamente para evitar males mayores.
El relato es de uno de los biógrafos más importantes del Almirante, y la obra de la que hemos recogido este testimonio es, como se ve en su cita, del año 1828.
De haber sido escrita en la actualidad, se podría dudar de la veracidad de que el cocinero era familiar del Almirante, pues los intereses por hacerse con la cuna de este gran personaje de la Historia son muy importantes y se recurre a cualquier dato que beneficie a algunos biógrafos para sus objetivos, a pesar de que hay quien dice que lo importante no es su lugar de nacimiento, sino que los Reyes Católicos, y Castilla, fueron quienes pusieron los medios y las gentes para descubrir un Nuevo Mundo.
En este caso no dice Las Casas que fuera pariente suyo, pero es dudoso que Roselly se lo invente, pues, en el momento de la descripción, lo importante no es que sea o no familiar suyo, sino que era su cocinero.
Recordemos una vez más, que en nuestra tesis Cristóbal Colón nació en Espinosa de Henares (Guadalajara) y que este pariente suyo, que llevaba por nombre el gentilicio de Espinosa, lo más probable es que hubiera nacido en este lugar, debería conocer la vida oculta de Colón, de ahí que estuviese ocupando un puesto de confianza tan importante en aquella época como el de cocinero, y su actitud puede no ser tan deshonrosa como nos lo presenta el historiador, pues, tal y como se describe el cuadro, de no haber sido esposado, podría Bobadilla tener una reacción violenta que hubiese acabado con la vida del Almirante, y no habría pasado nada…
Pero no quedamos satisfechos con el hallazgo y, en la lectura del Testamento del Almirante, hecho en el año 1506, meses antes de su fallecimiento en Valladolid, volvemos a encontrar de nuevo a Espinosa, en este caso con su nombre propio: Juan Despinosa, así está escrito, y no en una ocasión, sino en dos.
Figura en la relación de siete sirvientes del descubridor, a quienes agradece sus servicios prestados.
La pregunta es que, si en aquella ocasión en la que el Almirante podría haber sido ejecutado antes de su vuelta a España a manos de Francisco de Bobadilla, sin que nadie hubiese podido alegar nada, pues, con los pergaminos en blanco firmados por los reyes le podría haber acusado de lo que quisiera, su familiar Espinosa resuelve la situación encadenándolo y dando por terminado el problema, ¿cabría pensar que, de no ser como imaginamos, Colón lo habría mantenido a su servicio, y se lo agradecería meses antes de morir, en su testamento?
Vemos pues, que el gentilicio Despinosa indica el lugar de nacimiento de este hombre, tan importante en la vida del Almirante, al que le agradece los servicios prestados como sirviente al menos desde 1498, que se produce el encadenamiento, hasta el año 1506, fecha del testamento en el que figura el sirviente, es decir, ocho años.
Si el cocinero hubiese sido un infame, como lo describe Roselly, o un desvergonzado, como le llama Las Casas, ¿habría seguido al servicio del Almirante durante los ocho años siguientes, y figuraría como un hombre fiel en su testamento? No nos parece lógico, por lo que podemos afirmar que le era un leal servidor.
En las imágenes siguientes mostramos el Testamento de dos hojas, en el que se puede observar, al final de la cuarta línea, contando desde el final hacia el principio, el nombre Juan Despìnosa.
En el detalle y su traducción, se lee claramente este apellido, en este caso con su nombre Juan.

Detalle. Véase el final de la cuarta línea de abajo hacia arriba: dice: juan des, y en el principio de la tercera pinosa.

Traducción de la imagen anterior. Léase el final de la línea 4 desde abajo hacia arriba
En el original de otro de los testamentos del Almirante, se lee con más claridad el nombre de Juan Despinosa, en la línea 11 desde el inicio, de la imagen que se presenta a continuación, y en la del detalle de la misma y su traducción.
Entendemos que está claro que el Almirante ha mantenido a los largo de ocho largos años la confianza que tenía desde un principio en su cocinero, familiar suyo, y por ello lo menciona en su testamento y, asimismo, quien hace una copia del testamento de las “dos hojas”, también, pues lo hace presente entre quienes son testigos de que se realiza una copia, que es la que se conoce, ante el caso de que el original fuese destruido, modificado o desaparecido por cualquier otro medio, como así fue.

 

En la línea 11 desde el inicio, puede observarse, en el centro, claramente el nombre de Juan Despinosa.


Detalle del documento anterior. Ver la línea nº 7, al centro.

Traducción de las imágenes anteriores: Obsérvese el centro de la línea 6.
Dice: é Juan Despinosa…

 

Espinosa es el lugar en el que fallece de parto Aldonza de Mendoza y nacen dos niños, de nombres Alfón el Doncel, y Rodrigo de Mendoza.
Alfón es asesinado a los cinco años de edad, y Rodrigo de Mendoza (Cristóbal Colón), tiene que ser ocultado para evitar que tenga el mismo final que su hermano.
Es este un dato importante para ser tenido en cuenta en esta tesis, pues, como vemos, pone en coincidencia, una vez más, un hecho incontestable, como es que el Almirante y su cocinero, familiar suyo, se hacen llamar Espinosa, gentilicio que uno lo utiliza en latín, lógico para seguir sin identificarse, y el otro en castellano.

 

El Descubridor no fue un genocida

colon español

Muchas son las teorías que se han publicado sobre el origen del Almirante: genovés, catalán, gallego, ibicenco, mallorquín, castellano…

Transcribimos el texto de don Manuel Ballesteros Gaibrois que forma parte del prólogo a la obra: “Cristóbal Colón, un genio español. Única tesis verdadera” de Ricardo Sanz García.

Fue en 1914 cuando rompió fuego patriótico don Celso García de la Riega, gallego indiano, que se le ocurrió que muy bien pudiera ser galaico el Descubridor. Revuelo académico y publicitario, y descrédito de la teoría por la demostración de las manipulaciones en los documentos aducidos. Pero quedaba flotando en el aire que Colón pudo no ser genovés y, tímidamente, algún autor francés, si no afirmaba su nacimiento en tierra gala, sí le ponía un pariente marino: el pirata Coulombe  “le Vieux”, que mariposeaba por el Atlántico y se alquilaba como mercenario a quien recurría a sus servicios, como el rey de Portugal.

Y así han ido surgiendo hipótesis: el Colón nacido en una isleta de los alfaques tortosinos, llamada Génova; el Colón extremeño, nacido, sí, en Génova de una familia de Oliva, que tenía su asiento en la Colomera; el Colón de origen judío, al que se inclinaba Madariaga, sin explicar por qué no se lo dijo a los Reyes Católicos, que tenían una corte de “marranos” conversos e hijos de conversos, como Luis de Santángel. Y también, ahora, el Colón ibicenco, o al menos lemosín, que habla en catalán, defendido con datos lingüísticos por Verdera, y yo me pregunto, ¿ por qué Colón no le escribió a Fernando en catalán, que era una lengua oficial de la Cancillería del rey de Aragón? Pero los baleáricos no acaban en Ibiza, que en Mallorca hay todavía dos más; Vert, Presidente de una Asociación colombinista, cuyas actividades han contribuido a que en las escuelas mallorquinas e les diga a los niños que Colón nació en Felanitx. El otro mallorquín es un ingeniero, Enseñat, que se ha metido en los archivos y reconstruido linajes enteros desde el siglo XIIII [sic], no sólo de los Colón y similares, sino de parientes de los Santángel valencianos. Sólo nos faltaba la patria alcarreña, y ésta ha surgido de los desvelos del médico militar Don Ricardo Sanz, mi amigo, al que no sólo no puedo negarle una introducción a su último libro -éste- sino que me ofrecí a ello por las razones que indicaré más adelante”

En este blog iremos desgranando las conclusiones a las que se llega mediante la investigación de diversas fuentes documentales, los resultados a los que han llegado otros investigadores, y lo que el propio Almirante nos ha dejado escrito de su vida y orígenes.

 

Barloventeando

mar picadaLos días 15 y 16 de febrero de 1493 siguió el Almirante luchando con un mar de olas altas que llevaban de un lado a otro a las dos carabelas, Pinta y Niña, con peligro de naufragio para ambas. Avistaron a lo lejos, ya de noche, unas candelas y los pilotos y marineros pensaron que eran tierras de Castilla, en tanto que el Almirante pensaba en los Azores, como así fue, llegando a la isla de Santa María el día 18 de febrero, lunes. Y dijo la gente de la isla que jamás habían visto tanta tormenta como la que había hecho los quince días pasados y que se maravillaban como habían escapado. Aquí demuestra Colón que era un buen navegante, pues, en contra de lo que opinaba el resto de la tripulación, fue el único que acertó en la posición en la que se encontraban, cerca de los Azores, y no en la costa portuguesa.

Firma de libros en Librería Neblí/Troa

En la Librería Neblí/Troa, de Serrano 80, en Madrid, hubo una firma de libros, patrocinada por Bodegas Finca Rio Negro, el pasado día 21 de noviembre. Agradezco la atención recibida de doña Rocío Ruiz, directora de la librería, de sus colaboradores, y de don José Manuel Fuentes, que nos obsequió con una cata de vino de la cosecha del año 2011Firma de libros en Troa(2) reducido Firma de libros en Troa (14) reducido Firma de libros en Troa(4) reducido