Inicio del libro “Don Cristobal Colon, Almirante de Castilla”

 

I.1. ¿DONDE NACIÓ EL ALMIRANTE?

Dónde nació Cristóbal Colón es uno de los enigmas que le dan a este personaje un halo de misterio que han tratado de desvelar innumerables historiadores desde la muerte del Almirante.

Como es de todos conocido, los documentos que pueden afirmar con rotundidad el origen de su nacimiento no existen, y, cuando los distintos testimonios de sus biógrafos contemporáneos hacen alguna referencia a este tema, la indefinición es la característica más frecuente, por lo que la interpretación de estas fuentes está sometida y condicionada, en la mayoría de las ocasiones, al “ajuste” que más le conviene al investigador.

La tesis más admitida por los historiadores, hasta la fecha, es que Cristóbal Colón nació en Génova. A ello hemos de manifestar que, en el tratamiento especial que le vamos a dar en esta obra, demostraremos que no es verídico que fuera genovés, explicando la relación que el Almirante tenía con una familia genovesa, y cómo, con su estudio, llegamos a conocer la gran verdad sobre el nacimiento y vida oculta del descubridor de América.

En las numerosas publicaciones manejadas para el estudio de la verdadera identidad y el lugar de nacimiento del Almirante, nos encontramos con la paradoja de que, a nuestro juicio, la mayoría de los historiadores pasan por alto la relación que tuvo Colón con personajes vinculados a las órdenes religiosas, como los franciscanos o los jerónimos, y, aunque reconocen la influencia que estos tuvieron en la presentación del conquistador a las personas más influyentes de la Corte, no estudian las motivaciones que le impulsaron a ello. Algún historiador se hace esta pregunta, pero no encuentra la respuesta.

Tras más de veinticinco años de lecturas e investigación, y con una dedicación de más de ocho horas diarias, Ricardo Sanz García , elaboró una Tesis sobre el lugar de nacimiento del Almirante de la Mar Océana, y fruto de sus trabajos de investigación son tres libros, editados por él, con el título “Nacimiento y vida del noble castellano Cristóbal Colón” , “Cristóbal Colón Alcarreño, o América la bien llamada” y “Cristóbal Colón un genio español. Única tesis verdadera”

Las fuentes de estudio, ampliadas por nuevas adquisiciones posteriores al año 2003, fecha del fallecimiento de este autor, figuran en la Bibliografía de la Biblioteca Colombina Ricardo Sanz García, y, en número de más de trescientas sesenta, están recogidas en la página web www.colonespanol.es

Aquí vamos a hacernos la pregunta de la que pretendemos conocer la respuesta razonable que han venido buscando los historiadores de todo el mundo a lo largo de más de quinientos años: ¿Quién fue y cuál es el origen de Cristóbal Colón? Si sabemos quién fue realmente, nos será más fácil dar con el lugar de su nacimiento.

Del Almirante un hecho cierto que conocemos, es la fecha de su fallecimiento, el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, así que teniéndolo como referencia, y haciendo caso a lo que él mismo ha dicho de sus actividades iremos hacia atrás en el tiempo, siguiendo los razonamientos de Fernández Urresti .

Cristóbal Colón fallece, como hemos dicho, en Valladolid en 1506.

El 14 de enero de 1493, en carta a los Reyes afirma:

“despues que yo vine a les servir son siete años agora a veinte días de enero este mismo mes”

Si a 1493 le restamos siete años, el resultado es que llegó a Castilla en 1486.

En otra carta al rey Fernando, fechada en 1505, asegura haber estado catorce años en Portugal… Haciendo la resta de 1486 menos catorce años, llegamos al año 1472.

En el diario de a bordo, el día 21 de diciembre de 1492, Colón escribe:

“…he andado veintitrés años en la mar sin salir de ella tiempo que se halla de contar…”

Siguiendo con la cuenta hacia atrás, si restamos a 1472 veintitrés años, llegamos a 1449.

En otra carta, dirigida a su hijo Diego, le dice que comenzó a navegar a los catorce años, con lo que la cuenta final 1449-14 nos da el año de nacimiento: 1435.

¿Qué historiadores coinciden con esta fecha de nacimiento del Almirante? Veamos los testimonios y cómo se llega, por caminos diferentes, a la misma fecha.

Andrés Bernáldez, el Cura de Los Palacios, historiador que convivió con él, gozó de su amistad hasta el punto de tenerlo alojado en su casa, y por tanto persona que nos ofrece una gran credibilidad, afirma que Colón murió en Valladolid, en 1506 a los setenta años. Si restamos a 1506 setenta, nos plantamos en al año 1436 como fecha de nacimiento.

Alejandro de Humboldt, dice:

“…mientras Colón contaba cincuenta y seis años cuando, saliendo de la barra del río de Saltes el 3 de agosto de 1492…” ,

De nuevo tenemos otra cuenta que hacer, siguiendo otra fuente de información distinta, como es la edad que tenía el Almirante al iniciar su primer viaje: 1492-56 = 1436

Whasington Irving expresa:

“A juzgar por el testimonio de uno de sus contemporáneos e íntimos amigos, debe de haber nacido por los años de 1435 ó 1436”

Julio Verne manifiesta:

“…nació, según es lo más probable, en Génova, hacia el año 1436. Decimos “lo más probable,” porque las poblaciones de Cogoreo y Nervi reclaman, con Savona y Génova, el honor de haberlo visto nacer. En cuanto al año exacto del nacimiento de este ilustre navegante, varía según los comentadores, de 1430 a 1445; pero el año 1436 parece corresponder más exactamente con con los documentos menos discutibles”.

Este autor, como vemos, cuestiona el lugar de nacimiento, pero no el año. Hasta esto es así que, en el título, detrás del epígrafe Cristóbal Colón, entre paréntesis coloca los años de nacimiento y fallecimiento (1436-1506)

Más adelante, en la misma obra, por si hubiese quedado alguna duda, afirma:

“Así, pues, solamente a los diez y ocho años de haber concebido su proyecto, y a los siete después de haber salido del monasterio de Palos, fue cuando Colón, que se hallaba entonces en los cincuenta y seis años, firmó en Santa Fe, el 17 de abril de 1492, su tratado con el rey de España”.

De nuevo, haciendo la resta del año de la firma de las Capitulaciones de Santa Fe (1492) y la edad que tenía Colón en ese momento, (56 años): 1492-56 = 1436

Otro testimonio más de la tesis favorable a que el año de nacimiento del Almirante se corresponde con el año 1436 es el de Roselly de Lorgues, C. (Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón; Jaime Seix. 1978; Tomo I, pág 80) que dice:

“En 1476, habiendo Cristóbal Colón cumplido los cuarenta de su edad…”

De nuevo, haciendo la resta de los años que tenía en 1476 (cuarenta años) llegamos de nuevo a 1436. (1476-40=1436)

Con estos datos, la tesis genovesa no tiene base alguna para demostrar que Cristóbal Colón es originario de Génova; pues la fecha de la venida al mundo de nuestro personaje italiano la emplazan en el año 1451; bien distinta a la que hemos visto, 1435-1436.

Iniciamos el análisis de las tesis que avalan el origen genovés con la expuesta por don Salvador de Madariaga , que, con mejor deseo que acierto histórico, nos lo hace hijo de judíos sefarditas huidos de España, con residencia en Génova o algún lugar de Italia.

Argumenta su tesis en la amistad que el Almirante tenía con los judíos, entendiendo nosotros que esta razón no es válida por lo que más adelante veremos, ya que las causas del cambio de nombre del conquistador quedarán aclaradas en capítulos posteriores, y nunca fueron debidos a su posible origen judío. Por otro lado, la influencia de los judíos en España, en aquella época, era muy grande, y el poder económico que detentaban hacía que sus relaciones en este campo estuvieran presentes en la mayor parte de las importantes transacciones comerciales que se realizaban, tanto en el comercio interno como en el internacional.

A este respecto, nos apoyamos en el argumento de Juan Miralles en la defensa de la no existencia de racismo en la sociedad de la época. Dice así:

“La exclusión de algunos individuos de la sociedad no era precisamente racista, sino que respondía a factores de índole político-religioso. Podrían citarse innumerables ejemplos en este sentido. Entre los casos de conversos más conocidos, figuran el de fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, el del máximo inquisidor fray Tomás de Torquemada, el tesorero Luis de Santángel, Andrés Cabrera, alcaide de Segovia, y su esposa Doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, camarera mayor de la soberana, y persona que gozaba de gran ascendencia sobre ella” …

Otro de los argumentos de Madariaga es el afán de riquezas o dinero que se le atribuye al Almirante. Si el afán de riquezas fuese en exclusiva patrimonio de los judíos, el mundo estaría solamente poblado por ellos, pues es de todos conocido que, por suerte o por desgracia, una de las aspiraciones o debilidades del ser humano es la posesión de riquezas que le otorguen poder sobre su entorno. No se corresponde este argumento con los deseos manifestados por Colón en las exigencias que anteponía a los bienes materiales en las Capitulaciones de Santa Fé (Granada), que no son otras que los títulos nobiliarios, como se verá más adelante.

Argumentar que los rasgos físicos del rostro del Almirante se corresponden con los de los judíos es lo suficientemente endeble como para que sustenten esta hipótesis.

Por otra parte, en su análisis, a Madariaga no le cuadran las fechas de su nacimiento y el fallecimiento, en Valladolid, y lo justifica alegando un error en la referencia que hace Andrés Bernáldez, el cura de los Palacios, al afirmar que Colón murió de “senectute bona”. Lo argumenta de la manera siguiente:

“No sabemos de cierto cuando nació Cristóbal Colón. Si se lee a Bernáldez literalmente, nació en 1436, ya que el veterano cronista nos dice: <<el cual dicho Almirante Don Cristóbal Colón de maravillosa y honrada memoria, natural de la provincia de Milán, estando en Valladolid en 1506 en el mes de mayo, murió en senectute bona, inventor de las Indias, de edad de setenta años, poco más o menos>> Es opinión general que Bernáldez, que conoció a Colón, escribió sesenta, fácilmente transformable en setenta por errata. (La nota al pie de página corresponde a la que figura en la obra de Madariaga)

¿Cómo puede equivocarse en la edad del personaje alguien que ha vivido con él? En los estudios que se han hecho sobre los orígenes del Almirante es frecuente la manipulación y desaparición de documentos originales, el “ajuste” de las fechas, según el caso, por algunos investigadores para “cuadrar” su tesis, y estimamos que debemos creer a quienes vivieron en el mismo espacio y tiempo que el descubridor, pues, al documentar los hechos acaecidos en ese momento, y no existiendo intereses materiales que les beneficiasen, no tenían, como biógrafos o historiadores, nada que ocultar o manipular. Por otro lado, no tenemos porqué dudar de lo que hay escrito en el original. Suponer que existió un error, o imaginar que el autor quiso poner otra fecha es invalidar la veracidad del documento, cosa de todo punto inaceptable en una investigación. Lo que pone es setenta años, y a eso nos tenemos que atener. En virtud de ello, el año de nacimiento es en 1436, resultado de restar a 1506 la cifra de 70. (1506-70 = 1436)

Ramón Menéndez Pidal, en el estudio que realiza de la escritura de Colón, nos asegura que no guarda ninguna semejanza con la de los judíos sefarditas. Destaca, como algo digno de mención, que el Almirante cometía faltas anárquicas en sus escritos, algo que se aclarará más adelante. Lo que sí queda claro es que las primeras lenguas que aprendió fueron el castellano y el latín, siendo, según el padre Las Casas, un buen latinista.

Existen tesis que tratan de demostrar que Colón fue español. Su argumento principal es que, en sus escritos o en la denominación de alguno de los nuevos lugares descubiertos, los topónimos guardan relación o semejanza con otros de diferentes regiones españolas como Galicia, Cataluña, el País Vasco o las Islas Baleares. También relacionan ciertos topónimos con iglesias, lugares y accidentes, en ocasiones acompañados de un legajo en el que figura el apellido de Colón o Colom. Véanse los argumentos que expone D. Manuel Ballesteros Gaibrois en el prólogo de “Cristóbal Colón, un genio español. Única tesis verdadera” . Dice así:

“Fue en 1914 cuando rompió fuego patriótico Don Celso García de la Riega, gallego indiano, que se le ocurrió que muy bien pudiera ser galaico el Descubridor. Revuelo académico y publicitario, y descrédito de la teoría por la demostración de manipulaciones en los documentos aducidos. Pero quedaba flotando en el aire que Colón “pudo no ser” genovés y, tímidamente, algún autor francés, si no afirmaba su nacimiento en tierra gala, sí le ponía un pariente marino: el pirata Coulombe «le Vieux», que mariposeaba por el Atlántico y se alquilaba como mercenario a quien recurría a sus servicios, como el rey de Portugal.

Y así han ido surgiendo hipótesis: el Colón nacido en una isleta de los alfaques tortosinos, llamada Génova; el Colón extremeño, nacido, sí, en Génova de una familia de Oliva, que tenía su asiento en la Colomera; el Colón de origen judío, al que se inclinaba Madariaga, sin explicar por qué no se lo dijo a los Reyes Católicos, que tenían una corte de «marranos», conversos e hijos de conversos, como Luis de Santángel. Y también, ahora, el Colón Ibicenco, o al menos lemosín, que habla en catalán, defendido con datos lingüísticos por Verdera, y yo me pregunto ¿por qué Colón no le escribió a Fernando en catalán, que era una lengua oficial de la Cancillería del rey de Aragón? Pero los baleáricos no acaban en Ibiza, que en Mallorca hay todavía dos más; Vert, Presidente de una Asociación colombinista, cuyas actividades han contribuido a que en las escuelas mallorquinas se les diga a los niños que Colón nació en Felanitx. El otro mallorquín es un ingeniero, Enseñat, que se ha metido en los archivos y reconstruido linajes enteros desde el siglo XIIII [sic], no sólo de los Colón y similares, sino de parientes de los Santángel valencianos. Sólo nos faltaba la patria alcarreña, y ésta ha surgido en los desvelos del Médico militar Don Ricardo Sanz, mi amigo, al que no sólo no puedo negarle una introducción a su último libro —éste—, sino que me ofrecí a ello por las razones que indicaré más adelante”

Es impensable que un personaje que ha recorrido las costas mediterráneas y atlánticas, no pueda encontrar cierto parecido en el relieve, la vegetación o el clima con lugares análogos, y utilice estas correlaciones para asignar un nombre a un lugar que descubre por vez primera. Hemos de pensar, también, que el Almirante no camina solo por estos nuevos mundos, y a la hora de señalar un topónimo puede recibir sugerencias de quienes le rodean. Aun así, el hecho de que designe un lugar con un nombre ya repetido, no es argumento suficiente para justificar el nacimiento en ese sitio. Como mucho, se puede admitir el conocimiento de esos lugares, sin que ello presuponga, como decimos, que correspondan a la población que le vio nacer.

Dice Las Casas sobre su nacimiento:

“Fue, pues este varón escogido de nación ginovés, de algún lugar de la provincia de Génova; cuál fuese donde nasció o qué nombre tuvo el tal lugar, no consta la verdad dello, más que se solía llamar, antes que llegase al estado que llegó, CRISTOBAL COLUMBO DE TERRA-RUBIA” ( las mayúsculas son nuestras)

Si estudiamos con detenimiento el texto de Las Casas, no nos cabe por menos que afirmar que no sabemos de dónde era originario el Almirante, pues, con la afirmación “cuál fuese donde nasció o qué nombre tuvo el tal lugar, no consta la verdad dello”, creemos que invalida la versión de nación ginovés como veremos más adelante con otros escritos de la época.

Era costumbre en el tiempo en que los hechos suceden, que el apellido de las personas coincidiese con el del lugar de nacimiento. Entre los acompañantes del Almirante en su primer viaje podemos citar como ejemplo a Francisco de Aranda; Juan de Villar; Pedro de Talavera; Sebastián de Mayorga; Antonio de Jaén; Martín de Logrosán, cerca de Guadalupe (sic)

Éste último, con la aclaración de que Logrosán está cerca de Guadalupe, confirma que de… corresponde al lugar de nacimiento.

Fernando Colón dice que:

“el almirante, conforme a la patria donde fue a vivir y a empezar su nuevo estado limó el vocablo (Colombo) para conformarlo con el antiguo y distinguir los que procedían de él de los demás que eran parientes colaterales, y así se llamó Colón”

Analicemos estos dos textos:

Las Casas nos está diciendo: se solía llamar antes que llegase al estado que llegó, CRISTOBAL COLUMBO DE TERRA-RUBIA por lo que, “terra rubia” entendemos que es el nombre del lugar en el que nació Colón.

Si, de otra parte, tenía que diferenciarse de sus parientes “colaterales” su hijo Fernando nos está indicando que su familia no lo es por línea directa. Véase la definición que de este vocablo dice la R.A.E . De acuerdo con esta definición, sus” hermanos” Bartolomé y Diego no lo son por línea directa, lo que invalidaría, de nuevo, la tesis genovesa.

Para ver cómo se llamaba el Almirante en esas fechas, necesitamos encontrar una firma de Colón antes de llegar “a su nuevo estado” cosa prácticamente imposible, por lo que buscamos una de su hermano Bartolomé que, salvo el nombre, firmaba igual.

Cristóbal Colón, antes de su llegada “oficial” a España, había propuesto la ruta del descubrimiento al rey de Portugal, y éste envió una nave con tripulación portuguesa para verificar si ello era posible, fracasando el encargo por las malas condiciones del tiempo y la impericia de quienes la mandaban, por lo que Colón, enterado de ello, y sintiéndose traicionado, decidió pasar a Castilla con su hijo Diego, no sin antes enviar a su hermano Bartolomé a ofrecerle el proyecto al rey de Inglaterra, Enrique VII.

En este viaje a Inglaterra, Bartolomé fue asaltado por unos corsarios que le robaron todo lo que llevaba, por lo que tuvo que ganarse la vida haciendo cartas de marear. En una de estas cartas, entregada al rey, se puede leer el texto siguiente:

“Pro auctotre sive pictore Ianua cui patria est, nomen cui Bartolomeus Columbus de terra rubra, opus edit istud Londonija Anno Dni 1488. Atque in super Anno 8, decimaque die, cum tertia, mensis Februarii. Laudes Christo cantetur abundé”.

“Y porque alguno reparará que dice Columbus de terra rubra digo que he visto alguna firma del almirante antes que adquiriese el estado de esta forma: Columbus de terra rubra”

Bartolomé de Las Casas, en el capítulo XXIX de su Historia de las Indias, dice:

“…El autor de aquella pintura dice ser de la patria ginovés, y que tiene por nombre Bartolomé Colón de Tierra Rubia;…”

Existe, pues, una disparidad entre rubra del escrito del libro de Fernando Colón y rubea de Bartolomé de Las Casas .

La traducción de rubra en castellano es roja y la traducción en castellano de rubea es rubia.

¿Cuál de las dos traducciones es la verdadera? Nos inclinamos por la de Las Casas, que era un buen latinista, y que ha tenido gran cuidado de escribir rubia en dos citas diferentes de la misma obra: en el capítulo I, y en el capítulo XXIX de su obra Historia de las Indias.

A pesar de ello, hemos querido conocer la opinión de un latinista, el padre salesiano don Miguel Herrero, y he aquí su informe:

“Advertimos variantes en la transcripción que hacen autores italianos de la leyenda que acompaña al Mapa Mundi y lo que escribe Bartolomé de las Casas .

Texto original                   Corrección del padre Las Casas

autore                                  authore
Sive                                      Seu
Janua                                  Gennua
Bartolomeus                      Bartholomeus
De terra rubra                   De terra rubea

“Es evidente la intención de Bartolomé de las Casas de perfeccionar el texto y así corrige grafías y sustituye algunas palabras por otras más acordes con lo que se emplea en la época. Por eso es significativo que haya sustituido el término rubra, más sencillo y de uso más frecuente, por el más raro rubea”.

El adjetivo en género femenino Rubra se traduce por “roja”. Bartolomeus Colombus de Terra-Rubra significa Bartolomé Colombo de tierra roja. ¿Y cómo se traduce “Rubea” de Bartolomé de las Casas? dejándose llevar por el fácil sendero que ha transformado el “Rubeus” latino en Rubio castellano ha traducido Bartolomé Colombo de tierra Rubia. ¿Es este el significado preciso de “Rúbea”? Es chocante que se califique como rubia a la tierra.

Cristóbal Colón tuvo una sólida formación en las letras latinas bajo la guía de los monjes de San Jerónimo y un conocimiento profundo de la Biblia: se sintió fascinado de manera especial por la figura de Moisés, Salvador del pueblo.

Por eso, al leer la Vulgata latina de San Jerónimo (siempre San Jerónimo, como veremos más adelante) reparó que Dios llamó al Patriarca hablándole desde una zarza “rubus” en latín. Rubus rubi: zarza, espino. Es un término que, de los autores latinos, sólo utilizan el naturalista Plinio y el poeta Elegiaco; en cambio, en la Vulgata latina, en autores latinos-cristianos, en antifonas del rezo del oficio divino aparece siempre que se narra la llamada de Dios a Moisés desde la zarza ardiente.

Este adjetivo latino “Rubeus Rubea Rubeum”, y precisamente en su terminación de género femenino, está atestiguado en literatura clásica latina, en Virgilio, libro I de las Geórgicas, verso 266:

“Nunc fácilis rubea Texatur fiscina virga”.
“Ahora con facilidad se teje una cestita con rama de zarza”

Por consiguiente, cuando Cristóbal Colón se firma como “de Terra rubea” quiere decirnos que es de tierra de zarzas, de tierra espinosa, ya que en aquellos tiempos el segundo apellido coincidía con el lugar de nacimiento.

La diferencia entre una traducción y otra es muy dispar, porque rubea significa rubia, pero, igualmente, de rubus-i significa espina o zarza.

Analicemos el gentilicio de terra rubia:

Del latín: Rubeus –a –um: de zarza (o espina)

En su declinación:
Rubus (masculino) significa espinoso.
Rubea (femenino) significa espinosa
Rubum (neutro) significa espinoso

Así llegamos a deducir, si aplicamos este significado, que Colón es de tierra espinosa…

Se puede afirmar, para defender la tesis del origen genovés del Almirante, que Las Casas lo deja bien claro cuando dice que era “de nación ginovés”, pero, como en otras ocasiones, lo que dice es una media verdad o nos quiere llevar a la duda e indefinición de la frase escrita, pues, después de la afirmación de la nacionalidad genovesa, nos aclara que no consta la verdad del lugar de nacimiento, como así hemos constatado con anterioridad.

Para entender esta manera de decir las cosas, y leyendo la Historia de San Jerónimo, nos hemos encontrado con la descripción de uno de los primeros eremitas que llegaron a España procedentes de Italia. Dice así:

Entre los discípulos de Thomas Sucho, había uno que procedente de Italia pasó a España; se llamaba Fray Vasco, era natural de España y portugués de nación [sic]. Él relata los muchos milagros y profecías anunciadas y cumplidas en su maestro Thomas Sucho…

Si alguien, con este texto, quiere conocer el lugar de nacimiento de este Fray Vasco se encuentra que, si hacemos caso del gentilicio nos indica que es del país Vasco (si es natural de España ello es posible), pero al ser portugués de nación, parece que nos dice que su lugar de nacimiento es Portugal… ¿no es algo similar a lo que nos describe Las Casas sobre el lugar de nacimiento de Colón?

En la obra de Carlos Sanz , refiriéndose a las características de un mapa leemos:

“… sus caracteres góticos se identifican con los de Nicolás Bakälar, nacido en Hungría y eslovaco de nación…”

Es decir, que diferencia claramente los conceptos de lugar de nacimiento y nación porque son distintos, y la pertenencia a una nación no tiene porqué significar que se ha nacido allí.

Oviedo nos dice que “Colón se había hecho natural vasallo de aquella tierra por su matrimonio” refiriéndose a Portugal y Castilla, como nos aclara Salvador de Madariaga, que no eran clara y taxativamente dos patrias separadas, escribe: “teniéndose por natural de estos reinos que eran patria de sus hijos”…

Vemos, de esta manera, que el ser natural de, sí nos indica el lugar de nacimiento, y no es así cuando nos referimos a nación…

En los textos coetáneos del Almirante, observamos que, en muchos autores, se produce la misma indefinición, o se induce a decir y no decir; simplemente se insinúa o se conduce al lector a una interpretación que posibilite creer una misma cosa y la contraria.
La lectura de los numerosos libros que componen la que yo llamo “Biblioteca Colombina de Ricardo Sanz”, sorprende de vez en cuando por encontrar, en alguna de las obras que la componen, hechos que no suponen ninguna novedad, pues están ahí desde que el historiador los describió y la obra se editó y publicó, pero que, conocido en el espacio y tiempo en que sucedieron, pueden tener una importancia capital.
Este es el hallazgo del que voy a dar cuenta aquí por la importancia que tiene.
Se trata de conocer quién era el cocinero del Almirante en unas circunstancias trágicas para él, y la importancia que tiene para esta tesis.
Había emprendido Cristóbal Colón su tercer viaje a las Indias, y lo que allí sucedía no era lo que ni él ni los Reyes Católicos deseaban, pues la ambición de unos pocos, y los escasos recursos de oro, especias y productos de gran valor que se buscaban no eran lo suficiente para satisfacer a quienes allí acudieron pensando en disfrutar de una vida mejor.
Rebeliones de los colonos y algunos abusos a costa de los nativos obligaron al Almirante a aplicar la disciplina que estaba en uso en aquellos tiempos y que hoy nos parecería dura, pero, en el momento de su cumplimiento era la normal en cualquier sociedad civilizada.
Las acusaciones por supuestos excesos llevados a cabo por el Almirante llegaron hasta los reyes y éstos enviaron a las nuevas tierras descubiertas a un juez pesquisidor llamado Francisco de Bobadilla; juez ambicioso de poder que anuló las atribuciones y el mando que tenía Colón y los asumió en su persona.
Los reyes, convencidos de que las acusaciones que llegaban hasta ellos eran ciertas, le dieron a Bobadilla tales poderes que le facilitaron pergaminos en blanco firmado por ellos para poner disciplina y orden donde no lo había.
Con estos documentos, Bobadilla era ya de facto el verdadero Virrey. Ordenó que a Colón y sus hermanos se les tomase `presos y se les encadenase para presentarlos ante la justicia en Castilla, y de esta manera se dictó una orden de arresto para ellos.
El conde Roselly de Lorgues en su obra: Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, (1828). Barcelona, Ed. Jaime Seix; Tomo I; pág 498, nos relata la situación del Nauta cuando iba a ser encadenado por Bobadilla, para entregarlo a los reyes, de regreso a España y no quería ninguno de los presentes cumplir la orden de colocarle unos grilletes, por creer todos ellos que era una orden injusta.
El texto de Roselly dice así:
“Ninguno de los oficiales y soldados del Gobernador se sintió con fuerzas para cumplir aquella orden execrable. El dolor comprimido ahogaba la voz de todos y secretamente se rebelaban contra su degradante obediencia. La serenidad de aquel héroe imponía cierto doloroso respeto. Las cadenas que se habían traído a su presencia continuaban en el suelo del calabozo sin que ninguno de los asistentes osara levantarlas. Ante semejante afrenta los mismos carceleros retrocedían como ante la idea de un sacrilegio. No podía, pues, ejecutarse la bárbara orden del gobernador, cuando se presentó eligiéndose alegremente para aquel crimen, no un agente de Bobadilla, no un indio estúpido u odioso, sino un hombre de la casa del Almirante, un familiar suyo, su propio cocinero. Aquel infame cargó alegremente sobre sí aquella deshonra y, con imprudente presteza, remachó las cadenas de su amo. Las Casas le conocía: se llamaba Espinosa“
A pesar de lo expuesto, no nos quedamos conformes con los hechos si no tenemos confirmación de que, efectivamente, el padre Fray Bartolomé de Las Casas conocía el nombre de este familiar, y acudimos a la obra Historia de las Indias, del dominico, para comprobarlo.
Las Casas nos lo describe así:
… “Y lo que no sin gran lástima y dolor se puede ni conviene decir: cuando querían echar los grillos al Almirante, no se hallaba presente quien por su reverencia y compasión se los echase, sino que fué un cocinero suyo desconocido y desvergonzado, el cual, con tan deslavalada frente se los echó, como si se sirviera con algunos platos de nuevos y preciosos manjares. Este yo le conogscí bien y llamábase Espinosa, si no me he olvidado”.
Observemos una contradicción en este texto: primero dice “fue un cocinero suyo desconocido”… y luego afirma: “Este yo le cognosci bien…” Ahora nos preguntamos: ¿Le conocía bien o no? ¿No nos quiere decir que era familiar suyo?
Si en la época del descubrimiento de América había que tener alrededor gente de confianza, el puesto de cocinero era uno de los más importantes, pues era muy común la eliminación de familiares, rivales, amigos y gentes poco respetables, por uno de los productos mortales más activos: el veneno mezclado en la comida, y de ahí la costumbre de hacer “salva” a los invitados importantes, que consistía en que algún esclavo probase los alimentos antes que el propio comensal para evitar el envenenamiento.
En estas circunstancias, ¿a quién de más confianza que un familiar se le podía encomendar la elaboración de la comida para no ser envenenado?
El Almirante tuvo por cocinero a un pariente suyo con una dudosa conducta, o puede que no, y así nos lo describe el conde, posiblemente porque no conoce que los dos son nacidos en el mismo lugar. Colón “de terra rubea” (de tierra Espinosa), y el cocinero “Espinosa”
Aparentemente este familiar es un traidor y ha cumplido una orden que no se han atrevido a ejecutar quienes estaban próximos al Almirante y le conocían, por ser injusta; pero, si tenemos en cuenta que, dadas las circunstancias, si no se cumplía el mandato de Bobadilla las cosas podían haber terminado con la ejecución allí mismo de Colón, el cocinero, su pariente, actuó correctamente para evitar males mayores.
El relato es de uno de los biógrafos más importantes del Almirante, y la obra de la que hemos recogido este testimonio es, como se ve en su cita, del año 1828.
De haber sido escrita en la actualidad, se podría dudar de la veracidad de que el cocinero era familiar del Almirante, pues los intereses por hacerse con la cuna de este gran personaje de la Historia son muy importantes y se recurre a cualquier dato que beneficie a algunos biógrafos para sus objetivos, a pesar de que hay quien dice que lo importante no es su lugar de nacimiento, sino que los Reyes Católicos, y Castilla, fueron quienes pusieron los medios y las gentes para descubrir un Nuevo Mundo.
En este caso no dice Las Casas que fuera pariente suyo, pero es dudoso que Roselly se lo invente, pues, en el momento de la descripción, lo importante no es que sea o no familiar suyo, sino que era su cocinero.
Recordemos una vez más, que en nuestra tesis Cristóbal Colón nació en Espinosa de Henares (Guadalajara) y que este pariente suyo, que llevaba por nombre el gentilicio de Espinosa, lo más probable es que hubiera nacido en este lugar, debería conocer la vida oculta de Colón, de ahí que estuviese ocupando un puesto de confianza tan importante en aquella época como el de cocinero, y su actitud puede no ser tan deshonrosa como describe el historiador, pues, tal y como se describe el cuadro, de no haber sido esposado, podría Bobadilla tener una reacción violenta que hubiese acabado con la vida del Almirante, y no habría pasado nada…
Espinosa es el lugar en el que fallece de parto Aldonza de Mendoza y nacen dos niños gemelos, como después se verá.
Es este un dato importante para ser tenido en cuenta en esta tesis, pues, como vemos, pone en coincidencia, una vez más, un hecho incontestable, como es que ambos se hacen llamar Espinosa, gentilicio que uno lo utiliza en latín, lógico para seguir sin identificarse, y el otro en castellano.
Otro dato importante es el gentilicio por el que se conoce al Almirante: “genovés”.
En la actualidad, se puede afirmar que, en la práctica, todavía hay muchos países en los que las expresiones orales confunden a quienes las escuchan; y es de todos conocido que a los españoles en Argentina nos llaman “gallegos”, sin tener en cuenta el lugar de nacimiento en España, distinto en muchos casos, al de la hermosa región gallega.

Asimismo, y dentro de la propia España, en Cataluña se le llama “castellano” a todo aquel que ha nacido fuera de esta región, sin que se especifique, al igual que en el caso argentino, o como se hacía en los escritos que hemos analizado, el lugar verdadero del nacimiento del individuo.

¿Qué es lo que se oculta tras la figura de nuestro personaje? No es posible que ningún biógrafo de los que le conocieron lo describa tal cual era. ¿Existen razones políticas? ¿Son de orden moral? ¿Religiosas? ¿Familiares? Esa es una incógnita que, sin duda, se encontrará sin desvelar en algún documento perdido entre tantos que existen en archivos pendientes de estudio, si es que alguna mano bien conocedora de las motivaciones que nos llevan a dudar no los ha hecho ya desaparecer.

A pesar del conocimiento de su fallecimiento, y que el óbito se produjo en Valladolid, todavía no está confirmado fehacientemente el lugar de su enterramiento, como analizamos en capítulo aparte. En ocasiones, se encuentran desaparecidos documentos que podrian aclarar dudas sobre el lugar de nacimiento; en otras los documentos originales han sido alterados en la transcripción, unas veces interesadamente y otras por error u omisión, llegándose a la anécdota de que también su biógrafo, el padre Las Casas, se encuentra “desaparecido”.

Esta afirmación se debe a que, al ver sobre la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, en la Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid, una placa en la que se recuerda al dominico, con la afirmación de que fue enterrado en este lugar, quien esto escribe entró al templo para visitar su tumba por ver si en la lápida encontraba algún dato que permitiese llegar indirectamente a otras fuentes de investigación, con la sorpresa de que el fraile que le atendió le afirmó que desconoce la comunidad religiosa el lugar exacto en el que está enterrado. ¿Otra incógnita más en la vida del Almirante? El padre Las Casas ¿ha seguido al final el mismo destino que el conquistador, en cuanto al conocimiento de su lugar de descanso final?…

Fig. 1.- Placa en recuerdo del padre Las Casas, en la fachada exterior de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha. Madrid. A pesar de ello, no se conoce su lugar exacto de enterramiento, ni hay lápida que lo indique en lugar alguno de la basílica.