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NUEVA CARTA ANUNCIANDO EL DESCUBRIMIENTO

LA CARTA DEL REY JUAN II A FERNANDO EL CATÓLICO, de fecha 4 de marzo de 1493.

En nuestro libro, “DON CRISTÓBAL COLÓN, ALMIRANTE DE CASTILLA”, afirmamos que el primer documento escrito del descubrimiento de América era una carta del duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, al cardenal Mendoza, fechada en Cogolludo (Guadalajara), en día 19 de marzo de 1493.

Recientemente, el día 6 de junio de 2019, el periódico ABC daba la noticia del hallazgo de una carta del rey de Portugal, Juan II al rey Fernando el Católico, en la que le notificaba la llegada de Colón a Lisboa. Esta carta lleva fecha 4 de marzo de 1493 y, por lo tanto, es anterior a la de Cogolludo.

En el libro explicábamos la existencia de la carta fechada en Cogolludo el 19 de marzo de 1493, y hemos hecho una ampliación del texto para incorporar esta novedad.

Ahora el texto queda así:


Colón ha realizado su primer viaje de ida a las Indias descubriendo San Salvador y La Española… y regresa de camino a Castilla triunfal. Cuando los días 13 y 14 de febrero de 1493 ya ve las costas de Europa, la mar se agita, y el velamen de su carabela “La Niña” queda destrozado por una gran tempestad marina. El día catorce de febrero, ante la posibilidad de que su descubrimiento no sea conocido, escribe una carta a los reyes de Castilla y la echa al mar dentro de un barril, por si acaso no llega la tripulación a tierra con vida.

Pasada esta fuerte tempestad, les sorprende otra casi más importante frente a las costas de Portugal, el día cuatro de marzo, y han de refugiarse en Sintra, cerca de Lisboa.

Desde Lisboa, Cristóbal Colón envía tres cartas en las que describe todo lo que ha encontrado para asegurarse de que al menos una de ellas llegue sin novedad a su destino y no quede el descubrimiento sin ser conocido por el mundo: Una la dirige a Luis de Santangel, “maestre raçional” de los Reyes Católicos; otra a Gabriel Sánchez, tesorero de los reyes, y una tercera a don Luis de la Cerda, duque de Medinaceli. Esta última carta, desaparecida, no consta en ningún archivo, pero tenemos conocimiento de ella porque, a raíz de ser leída por el duque, éste envía otra al Cardenal Mendoza, en la que hace alusión a la escrita por Colón, dándole cuenta de que el Almirante ha vuelto de su viaje y ha descubierto todo lo que prometió (figura 2) . Este documento se encuentra en el Archivo Histórico de Simancas (Valladolid), y es considerado por muchos historiadores el primer documento escrito en el que se da cuenta del descubrimiento de América, pues está fechado en Cogolludo (Guadalajara), el día 19 de marzo de 1493, días antes de que recibieran los originales de Colón sus otros dos destinatarios.

Algunos autores solamente reconocen dos cartas ignorando la que envió al duque porque está desaparecida, y aunque sí conocen la que escribe el duque al cardenal Mendoza no dan cuenta de ella, y nos preguntamos ¿por qué conociendo la existencia de la misma se oculta? Creemos que no es por no querer darla a conocer, sino porque no le dan la importancia que tiene en la relación de Colón con el duque.

Afirmamos que la carta dirigida al duque de Medinaceli está perdida, porque el desembarco en Portugal tuvo lugar el día 4 de marzo de 1493 y la carta que el duque escribe al Cardenal Mendoza, como se puede ver, está fechada “en la mi villa de Cogolludo a 19 de marzo de 1493”.

El original de la misma es el siguiente:

Figura 2.- Carta del duque de Medinaceli al Cardenal Mendoza

Dice así:
Reverendísimo Señor. No sé si sabe Vuestra Señoría cómo yo tove en mi casa mucho tiempo a Cristóbal Colomo, que se venía de Portogal y se quería ir al Rey de Francia para que emprendiese de ir a buscar las Indias con su favor y ayuda; e yo lo quisiera provar y enbiar desde el Puerto, que tenía buen aparejo con tres o cuatro carabelas, que no me demandava más; pero como vi que hera esta empresa para la Reina, Nuestra Señora, escrevilo a Su Alteza desde Rota y respondióme que gelo enviase. Y yo gelo embié entonçes y supliqué a Su Alteza, pues yo no lo quise tentar y lo adereçava para su serviçio, que me mandase hazer merced y parte en ello, y que el cargo y descargo d’este negoçio fuese en el Puerto. Su Alteza lo reçibió y lo dio en cargo a Alonso de Quintanilla; el cual me escrivió de su parte que no tenía este negoçio por muy çierto, pero que, si se acertase, que Su Alteza me haría merced y daría parte en ello; y después de averle bien esaminado, acordó de enviarle a buscar las Indias. Puede aver ocho meses que partió y agora él es venido de buelta a Lisbona y ha hallado todo lo que buscava y muy complidamente, lo cual luego yo supe; y por facer saber tan buena nueva a Su Alteza, gelo escrivo con Xuares y le enbío a suplicar me haga merced que yo pueda enviar en cada año allá algunas caravelas mías. Suplico a Vuestra Señoría me quiera ayudar en ello e gelo suplique de mi parte, pues a mi cabsa y por yo detenerle en mi casa dos años y averle endereçado a su serviçio se ha hallado tan grande cosa como ésta; y porque de todo informará mas largo Xuares a Vuestra Señoría, suplícole le crea.
Guarde Nuestro Señor vuestra reverendísima persona como Vuestra Señoría desea.
De la mi villa de Cogolludo, a XIX de março (1493)
Las manos de Vuestra Señoría besamos. LUIS (DE LA CERDA)

A propósito de este documento, dice Carlos Sanz:

«El rigor no puede afirmarse por las palabras del Duque, que las noticias que tenía de la vuelta de Colón, las recibiera directamente de la famosa Carta, y así lo han manifestado algunos autores, y bien pudo haber recibido la información por otro conducto. Pero las alusiones son tan precisas como, por ejemplo: el tiempo de duración del viaje, el haber llegado a las Indias y la magnitud del Descubrimiento, que no es posibre rehusar una influencia del Mensaje colombino. De otra parte, ¿quién más interesado que el mismo Colón en informar a su antiguo protector el feliz resultado de la expedición? La Carta o las noticias del regreso de Colón han llegado al Duque directamente desde Lisboa, como lo declara implícitamente el escrito al Gran Cardenal, y se deduce su fecha, pues si el Almirante desembarcó el día 15 en Palos de Moguer, no era posible que recibieran sus mensajes en la Villa de Cogolludo, que está situada en el centro geográfico de España. La cosa cambia cuando se entiende enviada desde Lisboa el 4 de marzo»

La distancia entre Cogolludo y Lisboa, en línea recta, es de 573 km . Del cuatro al diecinueve de marzo es lo que tardaba un buen trotero en llevar una carta desde Lisboa al centro de la Península Ibérica, en este caso a Cogolludo (Guadalajara).

Tenemos referencia de lo que tardaba un correo entre Barcelona y Sevilla, y en ella nos apoyamos para afirmar que la carta enviada a Cogolludo es desde Lisboa.
En España, a finales del siglo XV,

«los correos tenían cierta regularidad, y así, de Barcelona a Sevilla por Lérida, Caspe, Zaragoza, Guadalajara, Alcalá, Toledo y Córdoba, o a la inversa, un correo ordinario tardaba doce días, y uno especial diez» ;

«La carta que la Reina Católica envió a Colón, fechada en Barcelona el 5 de septiembre de 1493, y que, según la referida indicación escrita con letra de la época, fué recibida a 18 de septiembre de 1493 en el Puerto de Santa María, o sea que invirtió trece días en salvar la distancia que media entre Barcelona y Puerto de Santa María»

La primera fecha de la que hay constancia de la Carta de Colón comunicando los descubrimientos de su primer viaje transatlántico, en un Libro de Actas Capitulares del Cabildo de Córdoba, es de fecha 22 de marzo de 1493, por lo que afirmamos que la carta del duque de Medinaceli al cardenal Mendoza, de fecha 19 de marzo de 1493, es el primer documento escrito que da la noticia del Descubrimiento de América.

En la carta que el duque envía al cardenal Mendoza le ruega que interceda ante sus altezas para que le dejen enviar por su cuenta unas carabelas cada año a aquellas tierras. Nadie se aventura a hacer tal petición si no conoce de antemano lo que allí va a encontrar y el rendimiento que piensa sacar y esto no lo puede el duque saber nada más que de primera mano por información directa de Colón. Hay en la carta del duque al Cardenal esta expresión “lo cual luego yo supe”; la palabra luego, deriva del latín “loco” y significa a la sazón, prontamente, sin dilación, al punto, enseguida; que nos indica que lo supo inmediatamente .

En la carta se afirma, por dos veces, que Cristóbal Colón ha convivido con el duque de Medinaceli en su casa durante dos años, y todo ello sin haber descubierto NADA.

Insistimos en lo importante que es la afirmación de que el duque lo ha tenido en su casa durante este tiempo. Algún historiador afirma que esto no es así y asegura que este tiempo que estuvo en su casa va desde el otoño de 1488 hasta la primavera de 1489, es decir, unos ocho o nueve meses. ¿A qué se debe esta tergiversación del documento original? , pues está claro que la carta dice que le tuvo en su casa mucho tiempo, y después aclara que fue durante dos años, y no unos meses, y es que es muy importante leer lo que dicen los textos originales, y no las interpretaciones que mejor convienen a las hipótesis del momento. Hasta aquí, la información existente hasta el año 2019.

Con fecha 16 de junio de 2019, se da cuenta en el periódico ABC, de Madrid, del hallazgo de otra carta, que hasta la fecha estaba desaparecida, en la que el rey de Portugal comunica al rey Fernando el Católico la llegada de Cristóbal Colón a Lisboa. Es sin duda una buena nueva para nosotros, pues, al llevar fecha 4 de marzo de 1493, anterior a la del duque de Medinaceli al Cardenal Mendoza, abrigamos la esperanza de que la que envió el Almirante al duque, a Cogolludo, tenga la misma fecha de salida de Lisboa, es decir, 4 de marzo, y se encuentre en alguno de los archivos privados de la nobleza, sin catalogar, lo que confirmaría que la primera noticia escrita del descubrimento no sería solo la carta del rey de Portugal, sino que, serían dos documentos de la misma fecha con la misma noticia, pero dirigida a dos destinatarios distintos: una al rey Fernando, y otra al duque de Medinaceli. A continuación, adjuntamos la noticia de ABC en internet, tal y como se dio a conocer.

“J.V.Periódico ABC. Actualizado 16.06. 2019
Encuentran la primera carta que informó del regreso de Colón tras descubrir América
El más antiguo documento sobre este hecho es hallado en el Archivo de la Nobleza, se trata de una misiva del Rey de Portugal a Fernando el Católico

Dorso de la Carta. – Archivo de la Nobleza

El documento más antiguo que informa sobre el regreso de Cristobal Colón tras descubrir América acaba de ser encontrado por el Archivo de la Nobleza, dependiente del ministerio de Cultura, en sus trabajos de tratamiento técnico y digitalización del Archivo de los condes de Villagonzalo.
«Nuestro muy alto, excelentísimo y poderoso principe Rey de Castilla, de Aragon de Sicilia, de Granada y nuestro muy amado principe hermano», se puede leer en portugués en el dorso de la carta fechada el 4 de marzo de 1493 y escrita por Juan II de Portugal a Fernando el Católico en donde se notifica por primera vez la gesta de Colón. Está escrita el mismo día que Colón arribó a Lisboa tras su aventura. «Sobre la venyda del almyrante de las Yndias», se lee en el dorso.
«El interés de este documento reside, especialmente, en lo temprano de su fecha, ya que podríamos estar ante el primer testimonio del regreso exitoso de Colón tras su aventura oceánica, al margen de sus cartas y diarios. La fortuita llegada a Lisboa del navegante concedía al monarca portugués la primicia del descubrimiento y daba lugar a una batalla diplomática entre la corte castellana y la portuguesa por el control de la expansión atlántica», explican desde el Archivo que también muestra que Juan II de Portugal iba a enviar a uno de sus embajadores, Rui de Sande.
En el dorso del documento, en la dirección de la carta, podemos ver el sello de armas del Rey de Portugal, que se conserva excepcionalmente bien, y la mancha de cierre en forma de semicírculo. Según ha podido saber ABC, desde esta institución tienen la intención mostrarlas al público a partir de la semana que viene en la exposición que tiene el Archivo de la Nobleza sobre la firma del Tratado de Tordesillas que se puede ver en Toledo.
Y es que en este proceso de descripción y tratamiento técnico del Archivo de los condes de Villagonzalo, que es propiedad privada pero que está custodiado por el Archivo de la Nobleza, se encontraron hace unos meses dos cartas oficiales de Juan II de Portugal fechadas el 4 de marzo, de la que hemos hablado, y otra del 25 de mayo de 1493, y que están relacionadas con el Tratado de Tordesillas. Son los primeros documentos concernientes a este viaje tras su salida de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492.
El segundo documento también es una misiva de Juan II de Portugal a Fernando el Católico, esta vez fechada a 25 de mayo de 1493, y se trata de un testimonio de cómo el rey portugués aceptaba paralizar la salida de sus carabelas, que se habían empezado a preparar para «descubrir donde Cristóbal Colón». La carta del monarca constituye así el comienzo de las negociaciones que darían lugar al Tratado de Tordesillas, en tanto se iniciaban las conversaciones con el papa Alejandro en torno a las tierras descubiertas”

Atendiendo a las condiciones de convivencia en la sociedad de la época relatadas anteriormente, por las que ni siquiera se puede testificar en un juicio, solamente por el hecho de ser hijo de una pescadera o haber desempeñado oficios bajos como es el de calcetero… podemos afirmar que las relaciones del Descubridor con los reyes de España y Portugal no entran dentro de los cánones sociales de la época, porque, ¿no se encontraría en la misma situación que un cardador de lana, un vinatero o un marinero, como ya hemos comentado, que le impedirían acercarse a éstas personalidades, pues estos oficios son los que desempeñaba el Almirante según la hipótesis que lo sitúan nacido en Génova?

No quedamos satisfechos todavía con las noticias constatadas del movimiento y relaciones que desarrolla el Almirante con quienes ostentan los más altos cargos de la nobleza, y nos queda la duda de cómo es posible que Bartolomé Colon tenga acceso a la corte francesa.

Tenemos otro testimonio sin precedente, y entendemos que muy importante, en el que, una vez más, un Mendoza abre una puerta ante la realeza, en este caso francesa, para dar a conocer su proyecto de llegar a las Indias por una nueva ruta. Este es el del lazo de unión entre el Almirante y el rey de Francia, al que envía a su hermano Bartolomé para ofrecerle el proyecto de esta nueva ruta, ya que en Castilla no tenía apoyos. ¿No ha pensado nadie que en el espacio y tiempo en que esto sucede Bartolomé no tendría ninguna posibilidad ni de acercarse a la corte del monarca galo, siendo como era en aquella sociedad un desconocido y un «don nadie»? La relación de Colón con el rey francés la encontramos en otro Mendoza; se trata de don Lorenzo Suárez de Figueroa, hermano del Cardenal Mendoza, que estaba casado con Isabel de Villandrando, prima del monarca galo . Otro Mendoza, de nuevo, intercediendo para la causa y beneficio del Almirante.

¿Qué se deduce de todo esto? Cristóbal Colón es consciente del gran apoyo que le había prestado el duque de Medinaceli para poder realizar su empresa de las Indias y tiene el derecho por ello a ser uno de los primeros en conocer la noticia, de ahí que le envíe la carta que se encuentra en la actualidad perdida, y que confiamos que, al igual que la del rey de Portugal, aparezca en alguno de tantos archivos que están si catalogar todavía.

De todos estos hechos lo que está claro es el gran apoyo que la familia Mendoza y el duque de Medinaceli prestaban a Cristóbal Colón y la pregunta inmediata es: ¿será posible que toda la vida oculta del Almirante se haya desarrollado en la tierra de Guadalajara y que guarde una relación muy estrecha con esta familia Mendoza, que en aquel entonces tenía una cercanía a los reyes que les permitía controlar casi todo?

Lo primero que procede es estudiar la historia de Guadalajara en esos años.

 

Feria del Libro de Madrid 2019

El cocinero de Colon, en el testamento del Almirante

EL COCINERO DE COLÓN EN EL TESTAMENTO DEL ALMIRANTE.
La lectura de los numerosos libros que componen la que yo llamo “Biblioteca Colombina de Ricardo Sanz”, sorprende de vez en cuando por encontrar, en alguna de las obras que la componen, hechos que no suponen ninguna novedad, pues están ahí desde que el historiador los describió y la obra se editó y publicó, pero que, conocido en el espacio y tiempo en que sucedieron, pueden tener una importancia capital.
Este es el hallazgo del que voy a dar cuenta aquí por la importancia que tiene.
Se trata de conocer quién era el cocinero del Almirante en unas circunstancias trágicas para él, y la importancia que tiene para esta tesis.
Había emprendido Cristóbal Colón su tercer viaje a las Indias, y lo que allí sucedía no era lo que ni él ni los Reyes Católicos deseaban, pues la ambición de unos pocos, y los escasos recursos de oro, especias y productos de gran valor que se buscaban no eran lo suficiente para satisfacer a quienes allí acudieron pensando en disfrutar de una vida mejor.
Rebeliones de los colonos y algunos abusos a costa de los nativos obligaron al Almirante a aplicar la disciplina que estaba en uso en aquellos tiempos y que hoy nos parecería dura, pero, en el momento de su cumplimiento era la normal en cualquier sociedad civilizada.
Las acusaciones por supuestos excesos llevados a cabo por el Almirante llegaron hasta los reyes y éstos enviaron a las nuevas tierras descubiertas a un juez pesquisidor llamado Francisco de Bobadilla; juez ambicioso de poder que anuló las atribuciones y el mando que tenía Colón y los asumió en su persona.
Los reyes, convencidos de que las acusaciones que llegaban hasta la corte eran ciertas, le dieron a Bobadilla tales poderes que le facilitaron pergaminos en blanco firmados por ellos para poner disciplina y orden donde no lo había.
Con estos documentos, Bobadilla era ya de facto el verdadero Virrey. Ordenó que a Colón y sus hermanos se les tomase presos y se les encadenase para presentarlos ante la justicia en Castilla, y de esta manera se dictó una orden de arresto para ellos.
El conde Roselly de Lorgues en su obra: Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, (1828). Barcelona, Ed. Jaime Seix; Tomo I; pág 498, nos relata la situación del Nauta cuando iba a ser encadenado por Bobadilla para entregarlo a los reyes, de regreso a España y no quería ninguno de los presentes cumplir la orden de colocarle unos grilletes, por creer todos ellos que era una orden injusta.
El texto de Roselly dice así:
“Ninguno de los oficiales y soldados del Gobernador se sintió con fuerzas para cumplir aquella orden execrable. El dolor comprimido ahogaba la voz de todos y secretamente se rebelaban contra su degradante obediencia. La serenidad de aquel héroe imponía cierto doloroso respeto. Las cadenas que se habían traído a su presencia continuaban en el suelo del calabozo sin que ninguno de los asistentes osara levantarlas. Ante semejante afrenta los mismos carceleros retrocedían como ante la idea de un sacrilegio. No podía, pues, ejecutarse la bárbara orden del gobernador, cuando se presentó eligiéndose alegremente para aquel crimen, no un agente de Bobadilla, no un indio estúpido u odioso, sino un hombre de la casa del Almirante, un familiar suyo, su propio cocinero. Aquel infame cargó alegremente sobre sí aquella deshonra y, con imprudente presteza, remachó las cadenas de su amo. Las Casas le conocía: se llamaba Espinosa“
A pesar de lo expuesto, no nos quedamos conformes con los hechos si no tenemos confirmación de que, efectivamente, el padre Fray Bartolomé de Las Casas conocía el nombre de este familiar, y acudimos a la obra Historia de las Indias, del dominico, para comprobarlo.
Las Casas lo describe asi:
… “Y lo que no sin gran lástima y dolor se puede ni conviene decir: cuando querían echar los grillos al Almirante, no se hallaba presente quien por su reverencia y compasión se los echase, sino que fué un cocinero suyo desconocido y desvergonzado, el cual, con tan deslavalada frente se los echó, como si se sirviera con algunos platos de nuevos y preciosos manjares. Este yo le conogscí bien y llamábase Espinosa, si no me he olvidado” .
Observemos una contradicción en este texto: primero dice “fue un cocinero suyo desconocido”… y luego afirma: “Este yo le cognosci bien…” Ahora nos preguntamos: ¿Le conocía bien o no? ¿No nos quiere decir que era familiar suyo?
Si en la época del descubrimiento de América había que tener alrededor gente de confianza, el puesto de cocinero era uno de los más importantes, pues era muy común la eliminación de familiares, rivales, amigos y gentes poco respetables, por uno de los productos mortales más activos: el veneno mezclado en la comida, y de ahí la costumbre de hacer “salva” a los invitados importantes, que consistía en que algún esclavo probase los alimentos antes que el propio comensal para evitar el envenenamiento.
En estas circunstancias, ¿a quién de más confianza que un familiar se le podía encomendar la elaboración de la comida para no ser envenenado?
El Almirante tuvo por cocinero a un pariente suyo con una dudosa conducta, o puede que no, y así nos lo describe el conde, posiblemente porque no conoce que los dos son nacidos en el mismo lugar. Colón “de terra rubea” (de tierra Espinosa), y el cocinero “Espinosa”
Aparentemente este familiar es un traidor y ha cumplido una orden que no se han atrevido a ejecutar quienes estaban próximos al Almirante y le conocían, por ser injusta; pero, si tenemos en cuenta que, dadas las circunstancias, si no se cumplía el mandato de Bobadilla las cosas podían haber terminado con la ejecución allí mismo de Colón, el cocinero, su pariente, actuó correctamente para evitar males mayores.
El relato es de uno de los biógrafos más importantes del Almirante, y la obra de la que hemos recogido este testimonio es, como se ve en su cita, del año 1828.
De haber sido escrita en la actualidad, se podría dudar de la veracidad de que el cocinero era familiar del Almirante, pues los intereses por hacerse con la cuna de este gran personaje de la Historia son muy importantes y se recurre a cualquier dato que beneficie a algunos biógrafos para sus objetivos, a pesar de que hay quien dice que lo importante no es su lugar de nacimiento, sino que los Reyes Católicos, y Castilla, fueron quienes pusieron los medios y las gentes para descubrir un Nuevo Mundo.
En este caso no dice Las Casas que fuera pariente suyo, pero es dudoso que Roselly se lo invente, pues, en el momento de la descripción, lo importante no es que sea o no familiar suyo, sino que era su cocinero.
Recordemos una vez más, que en nuestra tesis Cristóbal Colón nació en Espinosa de Henares (Guadalajara) y que este pariente suyo, que llevaba por nombre el gentilicio de Espinosa, lo más probable es que hubiera nacido en este lugar, debería conocer la vida oculta de Colón, de ahí que estuviese ocupando un puesto de confianza tan importante en aquella época como el de cocinero, y su actitud puede no ser tan deshonrosa como nos lo presenta el historiador, pues, tal y como se describe el cuadro, de no haber sido esposado, podría Bobadilla tener una reacción violenta que hubiese acabado con la vida del Almirante, y no habría pasado nada…
Pero no quedamos satisfechos con el hallazgo y, en la lectura del Testamento del Almirante, hecho en el año 1506, meses antes de su fallecimiento en Valladolid, volvemos a encontrar de nuevo a Espinosa, en este caso con su nombre propio: Juan Despinosa, así está escrito, y no en una ocasión, sino en dos.
Figura en la relación de siete sirvientes del descubridor, a quienes agradece sus servicios prestados.
La pregunta es que, si en aquella ocasión en la que el Almirante podría haber sido ejecutado antes de su vuelta a España a manos de Francisco de Bobadilla, sin que nadie hubiese podido alegar nada, pues, con los pergaminos en blanco firmados por los reyes le podría haber acusado de lo que quisiera, su familiar Espinosa resuelve la situación encadenándolo y dando por terminado el problema, ¿cabría pensar que, de no ser como imaginamos, Colón lo habría mantenido a su servicio, y se lo agradecería meses antes de morir, en su testamento?
Vemos pues, que el gentilicio Despinosa indica el lugar de nacimiento de este hombre, tan importante en la vida del Almirante, al que le agradece los servicios prestados como sirviente al menos desde 1498, que se produce el encadenamiento, hasta el año 1506, fecha del testamento en el que figura el sirviente, es decir, ocho años.
Si el cocinero hubiese sido un infame, como lo describe Roselly, o un desvergonzado, como le llama Las Casas, ¿habría seguido al servicio del Almirante durante los ocho años siguientes, y figuraría como un hombre fiel en su testamento? No nos parece lógico, por lo que podemos afirmar que le era un leal servidor.
En las imágenes siguientes mostramos el Testamento de dos hojas, en el que se puede observar, al final de la cuarta línea, contando desde el final hacia el principio, el nombre Juan Despìnosa.
En el detalle y su traducción, se lee claramente este apellido, en este caso con su nombre Juan.

Detalle. Véase el final de la cuarta línea de abajo hacia arriba: dice: juan des, y en el principio de la tercera pinosa.

Traducción de la imagen anterior. Léase el final de la línea 4 desde abajo hacia arriba
En el original de otro de los testamentos del Almirante, se lee con más claridad el nombre de Juan Despinosa, en la línea 11 desde el inicio, de la imagen que se presenta a continuación, y en la del detalle de la misma y su traducción.
Entendemos que está claro que el Almirante ha mantenido a los largo de ocho largos años la confianza que tenía desde un principio en su cocinero, familiar suyo, y por ello lo menciona en su testamento y, asimismo, quien hace una copia del testamento de las “dos hojas”, también, pues lo hace presente entre quienes son testigos de que se realiza una copia, que es la que se conoce, ante el caso de que el original fuese destruido, modificado o desaparecido por cualquier otro medio, como así fue.

 

En la línea 11 desde el inicio, puede observarse, en el centro, claramente el nombre de Juan Despinosa.


Detalle del documento anterior. Ver la línea nº 7, al centro.

Traducción de las imágenes anteriores: Obsérvese el centro de la línea 6.
Dice: é Juan Despinosa…

 

Espinosa es el lugar en el que fallece de parto Aldonza de Mendoza y nacen dos niños, de nombres Alfón el Doncel, y Rodrigo de Mendoza.
Alfón es asesinado a los cinco años de edad, y Rodrigo de Mendoza (Cristóbal Colón), tiene que ser ocultado para evitar que tenga el mismo final que su hermano.
Es este un dato importante para ser tenido en cuenta en esta tesis, pues, como vemos, pone en coincidencia, una vez más, un hecho incontestable, como es que el Almirante y su cocinero, familiar suyo, se hacen llamar Espinosa, gentilicio que uno lo utiliza en latín, lógico para seguir sin identificarse, y el otro en castellano.

 

Entrevista en esRadio

Entrevista en esRadioGuadalajara

El día 21 de enero de 2019, José Luis Solano, periodista de esRadio Guadalajara, me entrevistó sobre el origen de Cristóbal Colón, y el contenido de mi libro «Don Cristóbal Colón, Almirante de Castilla». Ahí quedan unas imágenes de la entrevista.

PRESENTACION/FIRMA EN ALICANTE

Invitado por la Asociación Espejo de Alicante, el día 14 de enero de 2019 se presentó, en el Real Liceo Casino de Alicante, el libro «Don Cristóbal Colón, Almirante de Castilla». Presidió la mesa doña Consuelo Giner Tormo, presidenta de la Asociación, e hizo la presentación del libro doña Consuelo Jiménez de Cisneros, catedrática de Lengua Española,  profesora de la Escuela Europea de Luxemburgo, y autora de poemarios, cuentos, novelas para jóvenes y biografías de personajes famosos, entre ellas una de Cristóbal Colón.

Agradecemos a la Asociación Espejo de Alicante la acogida dispensada y las atenciones recibidas por los asistentes.


Universidades creadas por España en America y Filipinas

En Los Ángeles han derribado la estatua de Cristóbal Colón. Es, sin duda, un acto consecuencia de la ignorancia que existe sobre las actividades que España promovió en Hispanoamérica para culturizar a los indígenas. El nuevo movimiento populista que se está instalando en estos países ha retomado las falsas informaciones contenidas en la Leyenda Negra, promovidas por ingleses, holandeses y belgas, entre otros, y están dando sus frutos. ¿Podría ser porque el español está avanzando entre los habitantes estadounidenses, y lo quieren frenar? Es una simple reflexión. En el mapa adjunto figuran las universidades fundadas por los españoles en el continente americano. ¿Cuántas crearon ingleses, holandeses, y belgas en los países que ellos han colonizado, en la India, Sudáfrica o el Congo?

El Descubridor no fue un genocida

Inicio del libro «Don Cristobal Colon, Almirante de Castilla»

 

I.1. ¿DONDE NACIÓ EL ALMIRANTE?

Dónde nació Cristóbal Colón es uno de los enigmas que le dan a este personaje un halo de misterio que han tratado de desvelar innumerables historiadores desde la muerte del Almirante.

Como es de todos conocido, los documentos que pueden afirmar con rotundidad el origen de su nacimiento no existen, y, cuando los distintos testimonios de sus biógrafos contemporáneos hacen alguna referencia a este tema, la indefinición es la característica más frecuente, por lo que la interpretación de estas fuentes está sometida y condicionada, en la mayoría de las ocasiones, al “ajuste” que más le conviene al investigador.

La tesis más admitida por los historiadores, hasta la fecha, es que Cristóbal Colón nació en Génova. A ello hemos de manifestar que, en el tratamiento especial que le vamos a dar en esta obra, demostraremos que no es verídico que fuera genovés, explicando la relación que el Almirante tenía con una familia genovesa, y cómo, con su estudio, llegamos a conocer la gran verdad sobre el nacimiento y vida oculta del descubridor de América.

En las numerosas publicaciones manejadas para el estudio de la verdadera identidad y el lugar de nacimiento del Almirante, nos encontramos con la paradoja de que, a nuestro juicio, la mayoría de los historiadores pasan por alto la relación que tuvo Colón con personajes vinculados a las órdenes religiosas, como los franciscanos o los jerónimos, y, aunque reconocen la influencia que estos tuvieron en la presentación del conquistador a las personas más influyentes de la Corte, no estudian las motivaciones que le impulsaron a ello. Algún historiador se hace esta pregunta, pero no encuentra la respuesta.

Tras más de veinticinco años de lecturas e investigación, y con una dedicación de más de ocho horas diarias, Ricardo Sanz García , elaboró una Tesis sobre el lugar de nacimiento del Almirante de la Mar Océana, y fruto de sus trabajos de investigación son tres libros, editados por él, con el título “Nacimiento y vida del noble castellano Cristóbal Colón” , “Cristóbal Colón Alcarreño, o América la bien llamada” y “Cristóbal Colón un genio español. Única tesis verdadera”

Las fuentes de estudio, ampliadas por nuevas adquisiciones posteriores al año 2003, fecha del fallecimiento de este autor, figuran en la Bibliografía de la Biblioteca Colombina Ricardo Sanz García, y, en número de más de trescientas sesenta, están recogidas en la página web www.colonespanol.es

Aquí vamos a hacernos la pregunta de la que pretendemos conocer la respuesta razonable que han venido buscando los historiadores de todo el mundo a lo largo de más de quinientos años: ¿Quién fue y cuál es el origen de Cristóbal Colón? Si sabemos quién fue realmente, nos será más fácil dar con el lugar de su nacimiento.

Del Almirante un hecho cierto que conocemos, es la fecha de su fallecimiento, el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, así que teniéndolo como referencia, y haciendo caso a lo que él mismo ha dicho de sus actividades iremos hacia atrás en el tiempo, siguiendo los razonamientos de Fernández Urresti .

Cristóbal Colón fallece, como hemos dicho, en Valladolid en 1506.

El 14 de enero de 1493, en carta a los Reyes afirma:

“despues que yo vine a les servir son siete años agora a veinte días de enero este mismo mes”

Si a 1493 le restamos siete años, el resultado es que llegó a Castilla en 1486.

En otra carta al rey Fernando, fechada en 1505, asegura haber estado catorce años en Portugal… Haciendo la resta de 1486 menos catorce años, llegamos al año 1472.

En el diario de a bordo, el día 21 de diciembre de 1492, Colón escribe:

“…he andado veintitrés años en la mar sin salir de ella tiempo que se halla de contar…”

Siguiendo con la cuenta hacia atrás, si restamos a 1472 veintitrés años, llegamos a 1449.

En otra carta, dirigida a su hijo Diego, le dice que comenzó a navegar a los catorce años, con lo que la cuenta final 1449-14 nos da el año de nacimiento: 1435.

¿Qué historiadores coinciden con esta fecha de nacimiento del Almirante? Veamos los testimonios y cómo se llega, por caminos diferentes, a la misma fecha.

Andrés Bernáldez, el Cura de Los Palacios, historiador que convivió con él, gozó de su amistad hasta el punto de tenerlo alojado en su casa, y por tanto persona que nos ofrece una gran credibilidad, afirma que Colón murió en Valladolid, en 1506 a los setenta años. Si restamos a 1506 setenta, nos plantamos en al año 1436 como fecha de nacimiento.

Alejandro de Humboldt, dice:

“…mientras Colón contaba cincuenta y seis años cuando, saliendo de la barra del río de Saltes el 3 de agosto de 1492…” ,

De nuevo tenemos otra cuenta que hacer, siguiendo otra fuente de información distinta, como es la edad que tenía el Almirante al iniciar su primer viaje: 1492-56 = 1436

Whasington Irving expresa:

“A juzgar por el testimonio de uno de sus contemporáneos e íntimos amigos, debe de haber nacido por los años de 1435 ó 1436”

Julio Verne manifiesta:

“…nació, según es lo más probable, en Génova, hacia el año 1436. Decimos “lo más probable,” porque las poblaciones de Cogoreo y Nervi reclaman, con Savona y Génova, el honor de haberlo visto nacer. En cuanto al año exacto del nacimiento de este ilustre navegante, varía según los comentadores, de 1430 a 1445; pero el año 1436 parece corresponder más exactamente con con los documentos menos discutibles”.

Este autor, como vemos, cuestiona el lugar de nacimiento, pero no el año. Hasta esto es así que, en el título, detrás del epígrafe Cristóbal Colón, entre paréntesis coloca los años de nacimiento y fallecimiento (1436-1506)

Más adelante, en la misma obra, por si hubiese quedado alguna duda, afirma:

“Así, pues, solamente a los diez y ocho años de haber concebido su proyecto, y a los siete después de haber salido del monasterio de Palos, fue cuando Colón, que se hallaba entonces en los cincuenta y seis años, firmó en Santa Fe, el 17 de abril de 1492, su tratado con el rey de España”.

De nuevo, haciendo la resta del año de la firma de las Capitulaciones de Santa Fe (1492) y la edad que tenía Colón en ese momento, (56 años): 1492-56 = 1436

Otro testimonio más de la tesis favorable a que el año de nacimiento del Almirante se corresponde con el año 1436 es el de Roselly de Lorgues, C. (Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón; Jaime Seix. 1978; Tomo I, pág 80) que dice:

“En 1476, habiendo Cristóbal Colón cumplido los cuarenta de su edad…”

De nuevo, haciendo la resta de los años que tenía en 1476 (cuarenta años) llegamos de nuevo a 1436. (1476-40=1436)

Con estos datos, la tesis genovesa no tiene base alguna para demostrar que Cristóbal Colón es originario de Génova; pues la fecha de la venida al mundo de nuestro personaje italiano la emplazan en el año 1451; bien distinta a la que hemos visto, 1435-1436.

Iniciamos el análisis de las tesis que avalan el origen genovés con la expuesta por don Salvador de Madariaga , que, con mejor deseo que acierto histórico, nos lo hace hijo de judíos sefarditas huidos de España, con residencia en Génova o algún lugar de Italia.

Argumenta su tesis en la amistad que el Almirante tenía con los judíos, entendiendo nosotros que esta razón no es válida por lo que más adelante veremos, ya que las causas del cambio de nombre del conquistador quedarán aclaradas en capítulos posteriores, y nunca fueron debidos a su posible origen judío. Por otro lado, la influencia de los judíos en España, en aquella época, era muy grande, y el poder económico que detentaban hacía que sus relaciones en este campo estuvieran presentes en la mayor parte de las importantes transacciones comerciales que se realizaban, tanto en el comercio interno como en el internacional.

A este respecto, nos apoyamos en el argumento de Juan Miralles en la defensa de la no existencia de racismo en la sociedad de la época. Dice así:

“La exclusión de algunos individuos de la sociedad no era precisamente racista, sino que respondía a factores de índole político-religioso. Podrían citarse innumerables ejemplos en este sentido. Entre los casos de conversos más conocidos, figuran el de fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, el del máximo inquisidor fray Tomás de Torquemada, el tesorero Luis de Santángel, Andrés Cabrera, alcaide de Segovia, y su esposa Doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, camarera mayor de la soberana, y persona que gozaba de gran ascendencia sobre ella” …

Otro de los argumentos de Madariaga es el afán de riquezas o dinero que se le atribuye al Almirante. Si el afán de riquezas fuese en exclusiva patrimonio de los judíos, el mundo estaría solamente poblado por ellos, pues es de todos conocido que, por suerte o por desgracia, una de las aspiraciones o debilidades del ser humano es la posesión de riquezas que le otorguen poder sobre su entorno. No se corresponde este argumento con los deseos manifestados por Colón en las exigencias que anteponía a los bienes materiales en las Capitulaciones de Santa Fé (Granada), que no son otras que los títulos nobiliarios, como se verá más adelante.

Argumentar que los rasgos físicos del rostro del Almirante se corresponden con los de los judíos es lo suficientemente endeble como para que sustenten esta hipótesis.

Por otra parte, en su análisis, a Madariaga no le cuadran las fechas de su nacimiento y el fallecimiento, en Valladolid, y lo justifica alegando un error en la referencia que hace Andrés Bernáldez, el cura de los Palacios, al afirmar que Colón murió de “senectute bona”. Lo argumenta de la manera siguiente:

“No sabemos de cierto cuando nació Cristóbal Colón. Si se lee a Bernáldez literalmente, nació en 1436, ya que el veterano cronista nos dice: <<el cual dicho Almirante Don Cristóbal Colón de maravillosa y honrada memoria, natural de la provincia de Milán, estando en Valladolid en 1506 en el mes de mayo, murió en senectute bona, inventor de las Indias, de edad de setenta años, poco más o menos>> Es opinión general que Bernáldez, que conoció a Colón, escribió sesenta, fácilmente transformable en setenta por errata. (La nota al pie de página corresponde a la que figura en la obra de Madariaga)

¿Cómo puede equivocarse en la edad del personaje alguien que ha vivido con él? En los estudios que se han hecho sobre los orígenes del Almirante es frecuente la manipulación y desaparición de documentos originales, el “ajuste” de las fechas, según el caso, por algunos investigadores para “cuadrar” su tesis, y estimamos que debemos creer a quienes vivieron en el mismo espacio y tiempo que el descubridor, pues, al documentar los hechos acaecidos en ese momento, y no existiendo intereses materiales que les beneficiasen, no tenían, como biógrafos o historiadores, nada que ocultar o manipular. Por otro lado, no tenemos porqué dudar de lo que hay escrito en el original. Suponer que existió un error, o imaginar que el autor quiso poner otra fecha es invalidar la veracidad del documento, cosa de todo punto inaceptable en una investigación. Lo que pone es setenta años, y a eso nos tenemos que atener. En virtud de ello, el año de nacimiento es en 1436, resultado de restar a 1506 la cifra de 70. (1506-70 = 1436)

Ramón Menéndez Pidal, en el estudio que realiza de la escritura de Colón, nos asegura que no guarda ninguna semejanza con la de los judíos sefarditas. Destaca, como algo digno de mención, que el Almirante cometía faltas anárquicas en sus escritos, algo que se aclarará más adelante. Lo que sí queda claro es que las primeras lenguas que aprendió fueron el castellano y el latín, siendo, según el padre Las Casas, un buen latinista.

Existen tesis que tratan de demostrar que Colón fue español. Su argumento principal es que, en sus escritos o en la denominación de alguno de los nuevos lugares descubiertos, los topónimos guardan relación o semejanza con otros de diferentes regiones españolas como Galicia, Cataluña, el País Vasco o las Islas Baleares. También relacionan ciertos topónimos con iglesias, lugares y accidentes, en ocasiones acompañados de un legajo en el que figura el apellido de Colón o Colom. Véanse los argumentos que expone D. Manuel Ballesteros Gaibrois en el prólogo de “Cristóbal Colón, un genio español. Única tesis verdadera” . Dice así:

“Fue en 1914 cuando rompió fuego patriótico Don Celso García de la Riega, gallego indiano, que se le ocurrió que muy bien pudiera ser galaico el Descubridor. Revuelo académico y publicitario, y descrédito de la teoría por la demostración de manipulaciones en los documentos aducidos. Pero quedaba flotando en el aire que Colón “pudo no ser” genovés y, tímidamente, algún autor francés, si no afirmaba su nacimiento en tierra gala, sí le ponía un pariente marino: el pirata Coulombe «le Vieux», que mariposeaba por el Atlántico y se alquilaba como mercenario a quien recurría a sus servicios, como el rey de Portugal.

Y así han ido surgiendo hipótesis: el Colón nacido en una isleta de los alfaques tortosinos, llamada Génova; el Colón extremeño, nacido, sí, en Génova de una familia de Oliva, que tenía su asiento en la Colomera; el Colón de origen judío, al que se inclinaba Madariaga, sin explicar por qué no se lo dijo a los Reyes Católicos, que tenían una corte de «marranos», conversos e hijos de conversos, como Luis de Santángel. Y también, ahora, el Colón Ibicenco, o al menos lemosín, que habla en catalán, defendido con datos lingüísticos por Verdera, y yo me pregunto ¿por qué Colón no le escribió a Fernando en catalán, que era una lengua oficial de la Cancillería del rey de Aragón? Pero los baleáricos no acaban en Ibiza, que en Mallorca hay todavía dos más; Vert, Presidente de una Asociación colombinista, cuyas actividades han contribuido a que en las escuelas mallorquinas se les diga a los niños que Colón nació en Felanitx. El otro mallorquín es un ingeniero, Enseñat, que se ha metido en los archivos y reconstruido linajes enteros desde el siglo XIIII [sic], no sólo de los Colón y similares, sino de parientes de los Santángel valencianos. Sólo nos faltaba la patria alcarreña, y ésta ha surgido en los desvelos del Médico militar Don Ricardo Sanz, mi amigo, al que no sólo no puedo negarle una introducción a su último libro —éste—, sino que me ofrecí a ello por las razones que indicaré más adelante”

Es impensable que un personaje que ha recorrido las costas mediterráneas y atlánticas, no pueda encontrar cierto parecido en el relieve, la vegetación o el clima con lugares análogos, y utilice estas correlaciones para asignar un nombre a un lugar que descubre por vez primera. Hemos de pensar, también, que el Almirante no camina solo por estos nuevos mundos, y a la hora de señalar un topónimo puede recibir sugerencias de quienes le rodean. Aun así, el hecho de que designe un lugar con un nombre ya repetido, no es argumento suficiente para justificar el nacimiento en ese sitio. Como mucho, se puede admitir el conocimiento de esos lugares, sin que ello presuponga, como decimos, que correspondan a la población que le vio nacer.

Dice Las Casas sobre su nacimiento:

“Fue, pues este varón escogido de nación ginovés, de algún lugar de la provincia de Génova; cuál fuese donde nasció o qué nombre tuvo el tal lugar, no consta la verdad dello, más que se solía llamar, antes que llegase al estado que llegó, CRISTOBAL COLUMBO DE TERRA-RUBIA” ( las mayúsculas son nuestras)

Si estudiamos con detenimiento el texto de Las Casas, no nos cabe por menos que afirmar que no sabemos de dónde era originario el Almirante, pues, con la afirmación “cuál fuese donde nasció o qué nombre tuvo el tal lugar, no consta la verdad dello”, creemos que invalida la versión de nación ginovés como veremos más adelante con otros escritos de la época.

Era costumbre en el tiempo en que los hechos suceden, que el apellido de las personas coincidiese con el del lugar de nacimiento. Entre los acompañantes del Almirante en su primer viaje podemos citar como ejemplo a Francisco de Aranda; Juan de Villar; Pedro de Talavera; Sebastián de Mayorga; Antonio de Jaén; Martín de Logrosán, cerca de Guadalupe (sic)

Éste último, con la aclaración de que Logrosán está cerca de Guadalupe, confirma que de… corresponde al lugar de nacimiento.

Fernando Colón dice que:

“el almirante, conforme a la patria donde fue a vivir y a empezar su nuevo estado limó el vocablo (Colombo) para conformarlo con el antiguo y distinguir los que procedían de él de los demás que eran parientes colaterales, y así se llamó Colón”

Analicemos estos dos textos:

Las Casas nos está diciendo: se solía llamar antes que llegase al estado que llegó, CRISTOBAL COLUMBO DE TERRA-RUBIA por lo que, “terra rubia” entendemos que es el nombre del lugar en el que nació Colón.

Si, de otra parte, tenía que diferenciarse de sus parientes “colaterales” su hijo Fernando nos está indicando que su familia no lo es por línea directa. Véase la definición que de este vocablo dice la R.A.E . De acuerdo con esta definición, sus” hermanos” Bartolomé y Diego no lo son por línea directa, lo que invalidaría, de nuevo, la tesis genovesa.

Para ver cómo se llamaba el Almirante en esas fechas, necesitamos encontrar una firma de Colón antes de llegar “a su nuevo estado” cosa prácticamente imposible, por lo que buscamos una de su hermano Bartolomé que, salvo el nombre, firmaba igual.

Cristóbal Colón, antes de su llegada “oficial” a España, había propuesto la ruta del descubrimiento al rey de Portugal, y éste envió una nave con tripulación portuguesa para verificar si ello era posible, fracasando el encargo por las malas condiciones del tiempo y la impericia de quienes la mandaban, por lo que Colón, enterado de ello, y sintiéndose traicionado, decidió pasar a Castilla con su hijo Diego, no sin antes enviar a su hermano Bartolomé a ofrecerle el proyecto al rey de Inglaterra, Enrique VII.

En este viaje a Inglaterra, Bartolomé fue asaltado por unos corsarios que le robaron todo lo que llevaba, por lo que tuvo que ganarse la vida haciendo cartas de marear. En una de estas cartas, entregada al rey, se puede leer el texto siguiente:

“Pro auctotre sive pictore Ianua cui patria est, nomen cui Bartolomeus Columbus de terra rubra, opus edit istud Londonija Anno Dni 1488. Atque in super Anno 8, decimaque die, cum tertia, mensis Februarii. Laudes Christo cantetur abundé”.

“Y porque alguno reparará que dice Columbus de terra rubra digo que he visto alguna firma del almirante antes que adquiriese el estado de esta forma: Columbus de terra rubra”

Bartolomé de Las Casas, en el capítulo XXIX de su Historia de las Indias, dice:

“…El autor de aquella pintura dice ser de la patria ginovés, y que tiene por nombre Bartolomé Colón de Tierra Rubia;…”

Existe, pues, una disparidad entre rubra del escrito del libro de Fernando Colón y rubea de Bartolomé de Las Casas .

La traducción de rubra en castellano es roja y la traducción en castellano de rubea es rubia.

¿Cuál de las dos traducciones es la verdadera? Nos inclinamos por la de Las Casas, que era un buen latinista, y que ha tenido gran cuidado de escribir rubia en dos citas diferentes de la misma obra: en el capítulo I, y en el capítulo XXIX de su obra Historia de las Indias.

A pesar de ello, hemos querido conocer la opinión de un latinista, el padre salesiano don Miguel Herrero, y he aquí su informe:

“Advertimos variantes en la transcripción que hacen autores italianos de la leyenda que acompaña al Mapa Mundi y lo que escribe Bartolomé de las Casas .

Texto original                   Corrección del padre Las Casas

autore                                  authore
Sive                                      Seu
Janua                                  Gennua
Bartolomeus                      Bartholomeus
De terra rubra                   De terra rubea

“Es evidente la intención de Bartolomé de las Casas de perfeccionar el texto y así corrige grafías y sustituye algunas palabras por otras más acordes con lo que se emplea en la época. Por eso es significativo que haya sustituido el término rubra, más sencillo y de uso más frecuente, por el más raro rubea”.

El adjetivo en género femenino Rubra se traduce por “roja”. Bartolomeus Colombus de Terra-Rubra significa Bartolomé Colombo de tierra roja. ¿Y cómo se traduce “Rubea” de Bartolomé de las Casas? dejándose llevar por el fácil sendero que ha transformado el “Rubeus” latino en Rubio castellano ha traducido Bartolomé Colombo de tierra Rubia. ¿Es este el significado preciso de “Rúbea”? Es chocante que se califique como rubia a la tierra.

Cristóbal Colón tuvo una sólida formación en las letras latinas bajo la guía de los monjes de San Jerónimo y un conocimiento profundo de la Biblia: se sintió fascinado de manera especial por la figura de Moisés, Salvador del pueblo.

Por eso, al leer la Vulgata latina de San Jerónimo (siempre San Jerónimo, como veremos más adelante) reparó que Dios llamó al Patriarca hablándole desde una zarza “rubus” en latín. Rubus rubi: zarza, espino. Es un término que, de los autores latinos, sólo utilizan el naturalista Plinio y el poeta Elegiaco; en cambio, en la Vulgata latina, en autores latinos-cristianos, en antifonas del rezo del oficio divino aparece siempre que se narra la llamada de Dios a Moisés desde la zarza ardiente.

Este adjetivo latino “Rubeus Rubea Rubeum”, y precisamente en su terminación de género femenino, está atestiguado en literatura clásica latina, en Virgilio, libro I de las Geórgicas, verso 266:

“Nunc fácilis rubea Texatur fiscina virga”.
“Ahora con facilidad se teje una cestita con rama de zarza”

Por consiguiente, cuando Cristóbal Colón se firma como “de Terra rubea” quiere decirnos que es de tierra de zarzas, de tierra espinosa, ya que en aquellos tiempos el segundo apellido coincidía con el lugar de nacimiento.

La diferencia entre una traducción y otra es muy dispar, porque rubea significa rubia, pero, igualmente, de rubus-i significa espina o zarza.

Analicemos el gentilicio de terra rubia:

Del latín: Rubeus –a –um: de zarza (o espina)

En su declinación:
Rubus (masculino) significa espinoso.
Rubea (femenino) significa espinosa
Rubum (neutro) significa espinoso

Así llegamos a deducir, si aplicamos este significado, que Colón es de tierra espinosa…

Se puede afirmar, para defender la tesis del origen genovés del Almirante, que Las Casas lo deja bien claro cuando dice que era “de nación ginovés”, pero, como en otras ocasiones, lo que dice es una media verdad o nos quiere llevar a la duda e indefinición de la frase escrita, pues, después de la afirmación de la nacionalidad genovesa, nos aclara que no consta la verdad del lugar de nacimiento, como así hemos constatado con anterioridad.

Para entender esta manera de decir las cosas, y leyendo la Historia de San Jerónimo, nos hemos encontrado con la descripción de uno de los primeros eremitas que llegaron a España procedentes de Italia. Dice así:

Entre los discípulos de Thomas Sucho, había uno que procedente de Italia pasó a España; se llamaba Fray Vasco, era natural de España y portugués de nación [sic]. Él relata los muchos milagros y profecías anunciadas y cumplidas en su maestro Thomas Sucho…

Si alguien, con este texto, quiere conocer el lugar de nacimiento de este Fray Vasco se encuentra que, si hacemos caso del gentilicio nos indica que es del país Vasco (si es natural de España ello es posible), pero al ser portugués de nación, parece que nos dice que su lugar de nacimiento es Portugal… ¿no es algo similar a lo que nos describe Las Casas sobre el lugar de nacimiento de Colón?

En la obra de Carlos Sanz , refiriéndose a las características de un mapa leemos:

«… sus caracteres góticos se identifican con los de Nicolás Bakälar, nacido en Hungría y eslovaco de nación…»

Es decir, que diferencia claramente los conceptos de lugar de nacimiento y nación porque son distintos, y la pertenencia a una nación no tiene porqué significar que se ha nacido allí.

Oviedo nos dice que “Colón se había hecho natural vasallo de aquella tierra por su matrimonio” refiriéndose a Portugal y Castilla, como nos aclara Salvador de Madariaga, que no eran clara y taxativamente dos patrias separadas, escribe: “teniéndose por natural de estos reinos que eran patria de sus hijos”…

Vemos, de esta manera, que el ser natural de, sí nos indica el lugar de nacimiento, y no es así cuando nos referimos a nación…

En los textos coetáneos del Almirante, observamos que, en muchos autores, se produce la misma indefinición, o se induce a decir y no decir; simplemente se insinúa o se conduce al lector a una interpretación que posibilite creer una misma cosa y la contraria.
La lectura de los numerosos libros que componen la que yo llamo “Biblioteca Colombina de Ricardo Sanz”, sorprende de vez en cuando por encontrar, en alguna de las obras que la componen, hechos que no suponen ninguna novedad, pues están ahí desde que el historiador los describió y la obra se editó y publicó, pero que, conocido en el espacio y tiempo en que sucedieron, pueden tener una importancia capital.
Este es el hallazgo del que voy a dar cuenta aquí por la importancia que tiene.
Se trata de conocer quién era el cocinero del Almirante en unas circunstancias trágicas para él, y la importancia que tiene para esta tesis.
Había emprendido Cristóbal Colón su tercer viaje a las Indias, y lo que allí sucedía no era lo que ni él ni los Reyes Católicos deseaban, pues la ambición de unos pocos, y los escasos recursos de oro, especias y productos de gran valor que se buscaban no eran lo suficiente para satisfacer a quienes allí acudieron pensando en disfrutar de una vida mejor.
Rebeliones de los colonos y algunos abusos a costa de los nativos obligaron al Almirante a aplicar la disciplina que estaba en uso en aquellos tiempos y que hoy nos parecería dura, pero, en el momento de su cumplimiento era la normal en cualquier sociedad civilizada.
Las acusaciones por supuestos excesos llevados a cabo por el Almirante llegaron hasta los reyes y éstos enviaron a las nuevas tierras descubiertas a un juez pesquisidor llamado Francisco de Bobadilla; juez ambicioso de poder que anuló las atribuciones y el mando que tenía Colón y los asumió en su persona.
Los reyes, convencidos de que las acusaciones que llegaban hasta ellos eran ciertas, le dieron a Bobadilla tales poderes que le facilitaron pergaminos en blanco firmado por ellos para poner disciplina y orden donde no lo había.
Con estos documentos, Bobadilla era ya de facto el verdadero Virrey. Ordenó que a Colón y sus hermanos se les tomase `presos y se les encadenase para presentarlos ante la justicia en Castilla, y de esta manera se dictó una orden de arresto para ellos.
El conde Roselly de Lorgues en su obra: Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, (1828). Barcelona, Ed. Jaime Seix; Tomo I; pág 498, nos relata la situación del Nauta cuando iba a ser encadenado por Bobadilla, para entregarlo a los reyes, de regreso a España y no quería ninguno de los presentes cumplir la orden de colocarle unos grilletes, por creer todos ellos que era una orden injusta.
El texto de Roselly dice así:
“Ninguno de los oficiales y soldados del Gobernador se sintió con fuerzas para cumplir aquella orden execrable. El dolor comprimido ahogaba la voz de todos y secretamente se rebelaban contra su degradante obediencia. La serenidad de aquel héroe imponía cierto doloroso respeto. Las cadenas que se habían traído a su presencia continuaban en el suelo del calabozo sin que ninguno de los asistentes osara levantarlas. Ante semejante afrenta los mismos carceleros retrocedían como ante la idea de un sacrilegio. No podía, pues, ejecutarse la bárbara orden del gobernador, cuando se presentó eligiéndose alegremente para aquel crimen, no un agente de Bobadilla, no un indio estúpido u odioso, sino un hombre de la casa del Almirante, un familiar suyo, su propio cocinero. Aquel infame cargó alegremente sobre sí aquella deshonra y, con imprudente presteza, remachó las cadenas de su amo. Las Casas le conocía: se llamaba Espinosa“
A pesar de lo expuesto, no nos quedamos conformes con los hechos si no tenemos confirmación de que, efectivamente, el padre Fray Bartolomé de Las Casas conocía el nombre de este familiar, y acudimos a la obra Historia de las Indias, del dominico, para comprobarlo.
Las Casas nos lo describe así:
… “Y lo que no sin gran lástima y dolor se puede ni conviene decir: cuando querían echar los grillos al Almirante, no se hallaba presente quien por su reverencia y compasión se los echase, sino que fué un cocinero suyo desconocido y desvergonzado, el cual, con tan deslavalada frente se los echó, como si se sirviera con algunos platos de nuevos y preciosos manjares. Este yo le conogscí bien y llamábase Espinosa, si no me he olvidado”.
Observemos una contradicción en este texto: primero dice “fue un cocinero suyo desconocido”… y luego afirma: “Este yo le cognosci bien…” Ahora nos preguntamos: ¿Le conocía bien o no? ¿No nos quiere decir que era familiar suyo?
Si en la época del descubrimiento de América había que tener alrededor gente de confianza, el puesto de cocinero era uno de los más importantes, pues era muy común la eliminación de familiares, rivales, amigos y gentes poco respetables, por uno de los productos mortales más activos: el veneno mezclado en la comida, y de ahí la costumbre de hacer “salva” a los invitados importantes, que consistía en que algún esclavo probase los alimentos antes que el propio comensal para evitar el envenenamiento.
En estas circunstancias, ¿a quién de más confianza que un familiar se le podía encomendar la elaboración de la comida para no ser envenenado?
El Almirante tuvo por cocinero a un pariente suyo con una dudosa conducta, o puede que no, y así nos lo describe el conde, posiblemente porque no conoce que los dos son nacidos en el mismo lugar. Colón “de terra rubea” (de tierra Espinosa), y el cocinero “Espinosa”
Aparentemente este familiar es un traidor y ha cumplido una orden que no se han atrevido a ejecutar quienes estaban próximos al Almirante y le conocían, por ser injusta; pero, si tenemos en cuenta que, dadas las circunstancias, si no se cumplía el mandato de Bobadilla las cosas podían haber terminado con la ejecución allí mismo de Colón, el cocinero, su pariente, actuó correctamente para evitar males mayores.
El relato es de uno de los biógrafos más importantes del Almirante, y la obra de la que hemos recogido este testimonio es, como se ve en su cita, del año 1828.
De haber sido escrita en la actualidad, se podría dudar de la veracidad de que el cocinero era familiar del Almirante, pues los intereses por hacerse con la cuna de este gran personaje de la Historia son muy importantes y se recurre a cualquier dato que beneficie a algunos biógrafos para sus objetivos, a pesar de que hay quien dice que lo importante no es su lugar de nacimiento, sino que los Reyes Católicos, y Castilla, fueron quienes pusieron los medios y las gentes para descubrir un Nuevo Mundo.
En este caso no dice Las Casas que fuera pariente suyo, pero es dudoso que Roselly se lo invente, pues, en el momento de la descripción, lo importante no es que sea o no familiar suyo, sino que era su cocinero.
Recordemos una vez más, que en nuestra tesis Cristóbal Colón nació en Espinosa de Henares (Guadalajara) y que este pariente suyo, que llevaba por nombre el gentilicio de Espinosa, lo más probable es que hubiera nacido en este lugar, debería conocer la vida oculta de Colón, de ahí que estuviese ocupando un puesto de confianza tan importante en aquella época como el de cocinero, y su actitud puede no ser tan deshonrosa como describe el historiador, pues, tal y como se describe el cuadro, de no haber sido esposado, podría Bobadilla tener una reacción violenta que hubiese acabado con la vida del Almirante, y no habría pasado nada…
Espinosa es el lugar en el que fallece de parto Aldonza de Mendoza y nacen dos niños gemelos, como después se verá.
Es este un dato importante para ser tenido en cuenta en esta tesis, pues, como vemos, pone en coincidencia, una vez más, un hecho incontestable, como es que ambos se hacen llamar Espinosa, gentilicio que uno lo utiliza en latín, lógico para seguir sin identificarse, y el otro en castellano.
Otro dato importante es el gentilicio por el que se conoce al Almirante: “genovés”.
En la actualidad, se puede afirmar que, en la práctica, todavía hay muchos países en los que las expresiones orales confunden a quienes las escuchan; y es de todos conocido que a los españoles en Argentina nos llaman “gallegos”, sin tener en cuenta el lugar de nacimiento en España, distinto en muchos casos, al de la hermosa región gallega.

Asimismo, y dentro de la propia España, en Cataluña se le llama “castellano” a todo aquel que ha nacido fuera de esta región, sin que se especifique, al igual que en el caso argentino, o como se hacía en los escritos que hemos analizado, el lugar verdadero del nacimiento del individuo.

¿Qué es lo que se oculta tras la figura de nuestro personaje? No es posible que ningún biógrafo de los que le conocieron lo describa tal cual era. ¿Existen razones políticas? ¿Son de orden moral? ¿Religiosas? ¿Familiares? Esa es una incógnita que, sin duda, se encontrará sin desvelar en algún documento perdido entre tantos que existen en archivos pendientes de estudio, si es que alguna mano bien conocedora de las motivaciones que nos llevan a dudar no los ha hecho ya desaparecer.

A pesar del conocimiento de su fallecimiento, y que el óbito se produjo en Valladolid, todavía no está confirmado fehacientemente el lugar de su enterramiento, como analizamos en capítulo aparte. En ocasiones, se encuentran desaparecidos documentos que podrian aclarar dudas sobre el lugar de nacimiento; en otras los documentos originales han sido alterados en la transcripción, unas veces interesadamente y otras por error u omisión, llegándose a la anécdota de que también su biógrafo, el padre Las Casas, se encuentra “desaparecido”.

Esta afirmación se debe a que, al ver sobre la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, en la Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid, una placa en la que se recuerda al dominico, con la afirmación de que fue enterrado en este lugar, quien esto escribe entró al templo para visitar su tumba por ver si en la lápida encontraba algún dato que permitiese llegar indirectamente a otras fuentes de investigación, con la sorpresa de que el fraile que le atendió le afirmó que desconoce la comunidad religiosa el lugar exacto en el que está enterrado. ¿Otra incógnita más en la vida del Almirante? El padre Las Casas ¿ha seguido al final el mismo destino que el conquistador, en cuanto al conocimiento de su lugar de descanso final?…

Fig. 1.- Placa en recuerdo del padre Las Casas, en la fachada exterior de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha. Madrid. A pesar de ello, no se conoce su lugar exacto de enterramiento, ni hay lápida que lo indique en lugar alguno de la basílica.

Cita de nuestra obra en la presentacion, en FITUR, del municipio de Mondejar

MONDÉJAR, NUESTRO PUEBLO EN FITUR 2018

Gepostet von Ayuntamiento de Mondéjar am Freitag, 19. Januar 2018